miércoles, 20 de agosto de 2014

Matanzas de cristianos en Siria, Nigeria, Irak... No se puede mirar para otro lado

La Cueva de los Libros guardará luto temporalmente por las matanzas de cristianos perpetradas en estas últimas semanas en varias regiones de África y Asia; acciones criminales y bárbaras difíciles de calificar e imposibles de entender. Mientras me acomodaba hace unas horas con la intención de ver, en el calor de mi hogar, un partido de fútbol, he revisado la prensa y me he topado con un chorro de noticias que se abrían paso en grandes titulares por el peso mismo que conlleva la tragedia, acerca de la matanza inhumana de cristianos en varias partes del mundo. He dejado para el descanso del partido las imágenes y los vídeos de cómo están sangrando a mis hermanos en Siria, Nigeria, Irak... y no he podido ver la segunda mitad del evento deportivo. Me encuentro en estado de shock. Conmocionado y deshecho.


No soy capaz de entender tanto odio, no soy capaz de digerir semejante barbarie, no entiendo en qué pesadilla de mundo vivo... simplemente no me cabe en la cabeza. Se está decapitando a personas —adultos y niños—, por el hecho de ser cristianos, por no querer someterse a una religión cuya traducción literal es sumisión. Y por pertenecer a ese grupo, incluso las criaturas son rajadas como cerdos, y su sangre recogida en tinajas. ¡Dios bendito, me tiembla el pulso al escribir esto! ¿En qué cabeza cabe semejante locura? ¿Cómo asumir semejante barbarie?

Ahora mismo mi cabeza es la caja de Pandora. Sin embargo, tengo muy claro que no se puede mirar para otro lado. Yo no quiero hacerlo. No se puede vivir al margen de esto, no, no lo creo. Hace cerca de un lustro creé este espacio para compartir lo que sé sobre el mundo de las humanidades... y al mismo tiempo para dar a conocer mis trabajos, mis estudios, mis novelas, etc. Y no puedo seguir haciéndolo tranquilamente sin comprometerme a fondo en lo que creo. Pues a mi modo de ver sería un miserable si no diera la cara denunciando esta persecución satánica y, como si nada, continuara escribiendo sobre literatura y arte mientras me sigo llamando cristiano.

Por último, que ya supiera de antemano las matanzas actuales de cristianos, y las que aún están por llegar, no disminuye un ápice el dolor que siento por las imágenes terroríficas que he contemplado. Pero lo cierto es que todo esto ya fue anunciado:



1 Juan 3, 13: «No os extrañéis si el mundo os odia».

Juan 16, 33: «En el mundo tendréis tribulaciones; pero tened ánimo, que yo he vencido al mundo».

   Juan 16, 2: «Se acerca la hora en que os quitarán la vida creyendo que con ello dan culto a Dios».

Mateo 10, 28: «No tengáis miedo de los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien al que puede perder el alma y el cuerpo en el fuego».

     Mateo 10, 32-33: «Al que me confiese delante de los hombres, le confesaré también yo delante de mi Padre celestial; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre celestial».

Mateo 24, 9: «Por mi causa os odiarán todos los pueblos».

Marcos 14, 27: «Todos tendréis en mí ocasión de caída».

Lucas 10, 3: «Mirad que yo os envío como corderos en medio de lobos».

Mateo 26, 41: «Velad y orad para que no caigáis en tentación».

Juan 3, 19: «La causa de la condenación consiste en que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz porque sus obras eran malas».

Juan 8, 12: «Jesús les habló de nuevo: Yo soy la luz del mundo».

       
1 Pedro 4, 12-16: «No os extrañéis, como si fuera algo raro, de veros sometidos al fuego de la prueba; al contrario, alegraos de participar en los sufrimientos de Cristo, para que, asimismo, os podáis alegrar gozosos el día en que se manifieste su gloria. Dichosos vosotros si sois ultrajados en nombre de Cristo, pues el Espíritu de la gloria, que es el Espíritu de Dios, alienta en vosotros. Que ninguno de vosotros tenga que sufrir por ser homicida, ladrón, malhechor o por mezclarse en asuntos ajenos; pero si padece por ser cristiano, no se avergüence, antes al contrario, dé gracias a Dios porque lleva este nombre».



Se me parte el alma de ver a este ángel sufrir semejante atropello. Por eso te pido...

«Señor, no me abandones;
Dios mío, no te quedes lejos;
ven corriendo a socorrerme,
Señor, salvador mío»

1 comentario:

  1. Es escalofriante ver la imagen de ese niño. Hay que estar sumamente loco para hacer estas cosas. Qué impotencia no poder hacer nada, y me da mucha pena la gente que está muriendo allí, que no son más ni menos que nosotros..sólo tienen la mala suerte de vivir en países de guerra rodeados de criminales. Podría habernos tocado a nosotros. Aunque España es un país bastante imperfecto tendríamos que dar gracias de vivir aquí y no llegar a esos límites tan descabellados.

    ResponderEliminar