jueves, 4 de diciembre de 2014

Comentarios de cine: Interstellar de Christopher Nolan

Es la primera vez que me quedo sin palabras después de ver una película. Normalmente, al conmoverme, de mi espíritu brota un torrente de ideas y palabras que me empuja a escribir mis impresiones. Anoche, miércoles 3 de diciembre de 2014, salí del cine impresionado por la última obra de Christopher Nolan. Pero tan impresionado que me dejó sin habla. Por eso apenas diré nada, ni del mensaje, ni del gatillazo final, ni de su filosofía antropológica, ni tan siquiera de sus virtudes técnicas y escenográficas, más allá de comentar que el señor Matthew McConaughey es un filón de oro, un animal superdotado para la interpretación dramática. Interstellar, por otro lado, no es para todos los públicos, exige del espectador un nivel intelectual importante, o al menos una familiaridad con los problemas científicos y filosóficos actuales derivados de los avances de la física moderna. Pero aunque esta película es más peligrosa que una caja de bombas, también es un relato maravilloso sobre el misterio del hombre y la grandeza de la Creación.


Por eso esta vez me quito el sombrero ante el señor Christopher Nolan, por una razón sobre todo, que es lo único que quiero destacar de esta maravilla cinematográfica. La capacidad humana para superarse construyendo nuevos dramas a partir de las circunstancias de cada tiempo. El nudo que plantea el reconocido director y guionista, junto a su hermano Jonathan Nolan, al margen de cómo lo resuelva, es de un dramatismo bestial. Aprovechar, de hecho, las consecuencias que propone la teoría de la relatividad general de Einstein para crear un drama humano de semejante calibre (el desfase temporal como móvil de la tragedia) es una genialidad propia de un cerebro muy dotado y audaz. Y esta última obra suya, un delicioso ejercicio creativo, que no debería ser contemplado no obstante sin la obligada reflexión crítica que debe seguir a toda creación humana relacionada con las artes. Porque, ¡ojo!, no me he creído ni media de este embuste. Como fuegos pirotécnicos, impecable película; la historia que cuenta, ocultista hasta la médula.





2 comentarios:

  1. No creí que llegaras a comentar esa película. De pronto vi la entrada y pensé que la criticarías porque parecerte contraria a Dios, y es que me parece que Nolan da a entender que los seres que ayudan a los hombres no son más que "unos hombres" de un futuro muy distante, los cuales han evolucionado hasta convertirse en seres que han accedido a una supuesta quinta dimensión. Quizás a ti te pareció que esos seres eran ángeles, lo cual, hasta ahora que lo pienso, es una posibilidad igual de factible.
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    A mí lo que me pareció impresionante fue aquello de los agujeros negros. Más que nada su presencia espectacular.
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    El mundo de las olas gigantes me pareció aterrador. Lo curioso es que de hecho puede haber mundos así.
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    1. Hola Anselmo:

      La verdad es que apenas puede decirse que haya comentado la película, porque hice tan sólo un par de observaciones. Lo que quise destacar, sobre todo, es la capacidad humana para crear nuevos dramas a partir de las circunstancias de cada tiempo. Por eso, utilizar el desfase temporal -aplicando las consecuencias de la teoría de la relatividad general de Einstein- como móvil de la tragedia, me pareció algo muy audaz y gratificante. En el fondo, como tú apuntas, me asombró la inventiva de Nolan para proponer escenarios aterradores. Y lo cierto es que las cuestiones que trata son apasionantes.

      En cuanto a la película en sí, que tal vez desgrane más adelante, haciendo algunas observaciones más, dije también que era más peligrosa que una caja de bombas. Efectivamente Dios no aparece por ningún lado. Los seres de los que se habla, y que aparentemente guían a los humanos, yo los identifiqué con extraterrestres, pero en el último tramo de la película el protagonista reconoce que no hay tales seres y que todo es una cuestión humana. No en vano, estamos ante la moderna tesis del hombre como verdadero dios, un ser sin límites que progresa constantemente y que tiene un potencial infinito. Pero a mí esto me parece absurdo. Además, Nolan no hace otra cosa que ciencia-ficción, adornada, eso sí, por un barniz cientificista. Pero aunque la mona se vista de seda, mona se queda. De hecho, esta película es un producto gestado a partir del último libro de Stephen Hawking, El gran diseño. Un libro no obstante repleto de ideas inverosímiles y absurdas; una obra de divulgación pseudo-científica que no se sostiene y que ha servido a Nolan -con toda seguridad- de soporte teórico para su mensaje "humanístico". Hace algunos años publiqué un comentario en La cueva de los libros sobre este trabajo.

      Por tanto, aunque la película me gustó, y alabé la capacidad de crear nuevas situaciones dramáticas, me referí también al riesgo que entrañaba. Pues en Hollywood, desde luego, son especialistas en moldear conciencias y en crear opinión. La gente, si tiene interés real por lo que ve, lee o escucha, debería ser responsable y examinarlo todo con espíritu crítico. Pero no sé hasta qué punto esto no es pedirle peras al olmo.

      Anselmo, es todo por mi parte; un placer.

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