domingo, 8 de marzo de 2015

Estado Islámico: No quedará piedra sobre piedra


Mientras el Estado Islámico hace chinas Oriente Medio y degüella cristianos a puñados, los occidentales nos lavamos las manos mirando para otro lado. Preferimos arrancarnos los cabellos cuando pierde nuestro equipo de fútbol y compartir ocurrencias en las redes sociales o en el dichoso whatsapp. Defendemos ideas aberrantes e invertidas, ensalzamos a los animales al mismo tiempo que odiamos a nuestros vecinos, y a quien se pronuncia en contra -con el mismo derecho que ellos a defender sus principios- se les llama de todo y en breve se les considerará delincuentes (ya está ocurriendo de hecho). Pero en un mundo donde las noticias son globales y es imposible no conocer los crímenes de los que son víctimas otras personas, desoír sus gritos y continuar de cachondeo nos convierte en miserables. Miserables que no entienden siquiera que mañana serán ellos los que sufran lo que otros están sufriendo, y a lo mejor merecidamente, según las sabias leyes de la Justicia.

No es fácil hablar de libros, de religión, de mitología y arte, si con nuestra indiferencia, frivolidad y egoísmo damos ejemplos tan lamentables.

No sé qué es realmente el Estado Islámico. No sé tampoco quién está detrás de esta gente del diablo. Pero sí sé cómo es el ser humano. Y a veces, aunque soy cristiano, no puedo evitar que algunos de mis semejantes me produzcan asco.

Pero hagamos como si no ocurriese a nuestro alrededor nada malo: sigamos hablando de literatura, historia, mitología, religión, filosofía y arte... Con la conciencia tranquila y los deberes hechos.

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