viernes, 1 de mayo de 2015

10 claves de la educación de José Ramón Ayllón

La educación en España, y entiendo que en el resto de la civilización occidental, es un embuste de proporciones siderales. Los recursos dedicados al sistema educativo son inversamente proporcionales a sus frutos objetivos. Nunca como hasta ahora ha habido tantos estudiantes, pero nunca como hasta ahora las personas han sido tan idiotas. Así pues, con una televisión de mierda y una educación para llorar, ¿qué nos cabe esperar? La maestra Mercedes Ruiz Paz, conocida por dos extraordinarios libros sobre el tema educativo (Los límites de la educación y La secta pedagógica) dijo un buen día que tenía la impresión de que los adolescentes de 13 a 18 años estaban siendo educados por otros adolescentes de 30 a 40. A eso ha reducido el Sistema la civilización occidental. Pues de la misma manera que una cosa es ver y otra mirar, existe una gran diferencia entre pensar y creer que se piensa. En consecuencia, se podrá pensar que cada vez hay más libertad, cuando en realidad lo que hay cada vez más son menos personas libres.


En España principalmente, tiraniza el ambiente la cultura del espectáculo, del artisteo, del éxito fácil, de la fama superflua. Se trata de ser conocido, sin ser nadie. Es un país donde los artistas oficiales no son otra cosa que bufones y titiriteros. Donde sus intelectuales mediáticos son personajes de medio pelo. Nación que hace de la incultura su bandera y lleva la ideología en la sangre y las entrañas. País de la borrachera sistemática y sagrada, como si el mismo Dios lo mandase, cada "sábado santo" dándole al cubata, la farlopa y la marihuana. Pero España se pudre y nadie lo nota.

Nadie nota que España se pudre porque los españoles tienen una visión de barrio, de aldea, de suburbio norteamericano, la propia de palurdos, la de fanáticos del consenso, la del gusano, que no alcanza a ver más allá de lo que hay en el barro. Sin grandes miras, vamos. Eso hoy, en el feudo que antaño fue cuna de los Reyes Católicos y Felipe II, de Calderón y Cervantes, de Velázquez y el Greco. ¿Qué sabrá por tanto el español de los enemigos de España? ¿Y qué puede saber en general con lo aprendido bajo el falaz sistema educativo que se le impone, y la telemierda que invade sus televisores y cabezas?

La televisión por otro lado se ha convertido en un verdadero sumidero de porquería y perversión. Es una de las responsables principales de la infraeducación española. La telebazofia sojuzga todos los canales habidos y por haber. Su programación infrahumana ulcera las mentes y las almas. Si hubiera mil canales de televisión más, sólo habría más mierda esparcida por el surtidor del principal medio de corrupción de masas. La 2, por ejemplo, que ha sido el último baluarte en caer, hace tiempo que redujo su nivel y parece dirigida por estudiantes de secundaria. La calidad de sus contenidos es tan ínfima que dan ganas de prenderle fuego al televisor de casa. La corrección política, esparcida por otra parte desde las televisiones, es una dictadura encubierta, y la democracia, un camelo que nos han contado mientras nos atontaban con espectáculos y un incesante ruido de fondo.

Educar, así pues, en este marco apocalíptico es una bella utopía. Pero hay quienes no se rinden, tesón que revela la impronta del héroe, y continúan educando a pesar de la debacle. José Ramón Ayllón es un filósofo que ha dedicado casi toda su vida a la enseñanza. 10 claves de la educación es su principal aportación a esta importante tarea. Algo puede enseñar por tanto a las generaciones actuales y venideras. 

Dicho esto, la pregunta inicial que cabe hacerse al abordar esta cuestión es lógicamente qué es educar. Con razón José Ramón señala que educar es una acción compleja; una acción compleja que consiste en ayudar al ser humano a ser precisamente humano. El reto, como se podrá imaginar cualquiera, es de órdago. Por eso apunta don José Ramón que para comprender en qué consiste realmente esta esencial tarea, la pregunta crucial que hay que resolver en primer lugar es, ni más ni menos, qué es el hombre. Luego conocer al hombre será capital para ensayar el desafío de la educación. Y aquí la antropología filosófica tiene bastante que aportar.

En cualquier caso, como se ha dicho ya, la primera clave de la educación es profundizar en el misterio de la condición humana. Luego, José Ramón Ayllón dará más pasos hasta completar una cifra redonda pero que no agota ni mucho menos las claves educativas. Aquí al menos detalla algunas que son fundamentales. Hablará de la necesaria gestión del placer, del sentido del esfuerzo, del arte de escuchar, de la autoridad, de la familia en el proceso educativo, de los sentimientos, de la conciencia moral, etc. Con todo, únicamente me interesa en este momento, además de lo dicho anteriormente, repetir una idea magnífica del profesor referida a los contenidos de la educación. 

Y es la siguiente: se debe educar en virtudes y no en valores. Los valores son la teoría del bien, las virtudes son cómo hacerlo posible. Ahora bien, si las virtudes son aprendidas por contagio, necesariamente educará como Dios manda sólo aquel que sea virtuoso. ¿Conocen ustedes muchas personas que lo sean? Yo tampoco.