lunes, 18 de mayo de 2015

No es simple y llana geografía. Es simple y llana estupidez

Es frecuente por desgracia, más de lo que nos gustaría seguramente, cruzarse con algún bobo solemne que discute con su estulticia ilimitada la infinita sabiduría de Dios, pues no sabe uno en realidad cuál de las dos puede llegar más lejos o ser más sobrecogedora; si la omnisciencia divina o la estupidez humana.

Lo último que llegó a mis ojos para desacreditar la fe del creyente y aun la existencia de Dios fue un argumento tan pueril que conmueve. La gansada, que para algunos ignorantes será brillante y demoledora, es la siguiente:

Si hubieras nacido en Israel, probablemente serías judío.
Si hubieras nacido en Arabia Saudita, probablemente serías musulmán.
Si hubieras nacido en la India, probablemente serías hindú.
Pero como has nacido en España lo más probable es que seas católico.

Tu fe no se basa en algo divino, constante o verdadero. Es simple y llana geografía.

Bien, realmente cabe preguntarse cuántos dedos de frente puede tener el que haya sido convencido por este argumento tan endeble. Seguramente entre medio y ninguno. Pero da lo mismo. No es un interrogante que quite el sueño a nadie. La memez anterior, en cambio, sí merece una respuesta contundente.

Pues bien, si se presta atención, en este sentido el ateo es ateo precisamente porque lleva en la sangre el veneno de la educación laica que recibió en su día. Por tanto, probablemente el que hoy sea educado según los principios laicistas, mañana será un ateo modélico. En otras palabras, el ateísmo no es menos geográfico que la fe religiosa. ¿O acaso, según esta visión simplona, ser demócrata no es también una cuestión geográfica? ¿O comunista, si se ha nacido en la Cuba de Fidel Castro?

Simple y llana tontería es entonces lo del mequetrefe, que pretende echar por tierra con sus ocurrencias la sabiduría milenaria de las grandes religiones. Sería un crimen si no fuera tan triste.

Bien mirado, sin embargo, si algo revela ese argumento es justamente lo contrario de lo que pretende. Es decir, que todos los pueblos creen en una realidad trascendente, en algún tipo de divinidad del que se saben inferiores y dependientes. Naturalmente, esta divinidad cada pueblo, en función de su tradición y cultura, la entiende a su manera, como sabe y puede. Un esquimal no concebirá los dioses como un austriaco, ni un nigeriano como un malasio. Sin pasar esto por alto, no hay que olvidar tampoco que hay católicos en los cinco continentes, por lo que cabe pensar que la racionalidad humana juega su papel a la hora de tomar posiciones y adoptar creencias e ideales.

La fe, efectivamente, le guste o no al ateo, y sea o no capaz de verlo, tiene base suficiente para resistir cualquier vilipendio. Forma parte en realidad de la naturaleza del hombre, pues el ateo también cree, sólo que no sabe en cuántas cosas deposita su fe para seguir adelante. Confía por ejemplo en salir de la enfermedad; tiene fe en el piloto de avión que lo conduce a cualquier parte; cree que cuando abra los ojos cada mañana verá; espera que los seres que ama no le fallen; considera cierto lo que otra persona, digna de fe para él, le cuenta sobre algo o alguien. Más aún.  ¿Por qué viven los ateos como si lo que propone Dios valiera de algo? Consideran el asesinato un crimen, horrible les parece que les roben, si les mienten o traicionan les da algo, que sus parejas se acuesten con terceros les resulta abominable, vergonzoso les parece cómo trata de mal el vecino a sus padres... Pero en fin, no es momento ahora de desarrollar los fundamentos antropológicos de la fe (en otro tiempo llamados preambula fidei) porque el necio no se convencerá de lo que no quiere.

Ahora bien, más allá de todo esto, resta por decir por qué es falaz el argumento y paupérrima la inteligencia de quien hace suya semejante tontería.

La gansada antiteísta de la que hablábamos dice que cada pueblo importante tiene una religión diferente, y que normalmente aquellos que nacen en cada uno de estos lugares abrazan la fe del pueblo en el que nacen; luego Dios no existe, o la fe no se sostiene. ¿Pero de dónde deduce el pobre ignorante la conclusión si no hay relación alguna entre ésta y las premisas? Se trata, dicho claramente, de una falacia para incautos e inocentes. Una falacia en realidad que nadie que conozca o haya estudiado lógica puede tragarse. El razonamiento está viciado. A partir de las premisas no se infiere necesariamente la conclusión presentada. Se verá esto mejor con los ejemplos siguientes.

Pensemos que Lucrecio, el protagonista de estos silogismos, tiene bigote:

—Todos los que tienen bigote son impotentes.
—Lucrecio tiene bigote.
—Por tanto, Lucrecio es impotente.

La argumentación es perfectamente lógica pero falsa. Pues aunque la segunda premisa es cierta, la primera no lo es; luego la conclusión no puede ser verdadera necesariamente. El segundo ejemplo reproduce exactamente la fórmula del argumento antiteísta. Veamos qué dice:

—Lucrecio puede pensar.
—También es capaz de decir verdades.
—Luego Lucrecio dice tonterías que no se cree nadie.

Si nos fijamos, la conclusión —aun pudiendo ser verdadera— no se deduce de las dos premisas anteriores, siendo ambas correctas. La conclusión por tanto ha sido forzada, sacada de la manga. Pero no es falaz el argumento porque la conclusión no sea verdadera, sino porque el razonamiento está viciado. Así pues, dando incluso por válidas o verdaderas las premisas antiteístas (cada pueblo importante tiene una religión diferente y normalmente aquellos que nacen en cada uno de estos lugares abrazan la fe del pueblo en el que nacen) sólo un enajenado deduce de todo esto que Dios no existe.

Y es que «la lucidez es la peor de las cegueras si no se ve nada más allá de aquello que se ve» (Françoise Chauvin). Por eso puede sorprender mucho que hoy en día no se crea ya en los milagros. No entiendo por qué. Un verdadero milagro es que algunos no rebuznen cuando dicen algo.


4 comentarios:

  1. Acabo de descubrir tu pluma al leer tu ensayo corto sobre las discutibles bondades del diálogo interreligioso. Ahora leo este post. Tu sólida argumentación solo puede compararse a la calidad de tu escritura. Gracias.

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  2. Sin embargo creo que es posible admitir que Dios no lo sabe todo. Se trata de un asunto que no tiene que ver con éste. Si Dios nos ha concedido el libre albedrío, no tendría que conocer nuestras decisiones "a priori". Igual que Dios tampoco es omnipotente, en el sentido de que no puede cambiar el pasado.
    Dios sabe todo lo que es posible saber y puede todo lo que es posible poder, pero desde nuestro punto de vista, entendemos mejor la libertad que Dios nos ha dado admitiendo que por esto no puede conocer qué decidiremos. Aunque desde el punto de vista de Dios no haya pasado, presente ni futuro. De este modo valoramos mejor lo que significa la libertad, "el don más alto que a los hombres concedieron los cielos".

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    1. Jotape, ¿me permites que te corrija algo?

      Si Dios no es omnisciente ni omnipotente, no es Dios. Dios lo sabe todo, sin que esto signifique que nuestros caminos ya están determinados. Pues Él, al estar fuera del tiempo y el espacio, que son categorías propias de la materia, conoce el antes y el después, pero no vulnera la libertad del hombre en ningún caso. También es Dios omnipotente, pero eso ni significa que pueda realizar lo que es absurdo. Lo absurdo no es. No puede hacer que un triángulo sea un círculo o que tenga cuatro lados.

      Si lo piensas, no es tan complicado como parece.

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    2. Estamos de acuerdo. Sólo pretendía otra forma de decir lo mismo, de manera que la libertad humana quedara resaltada, pues estoy preocupado por la tendencia actual al determinismo científico. Hay muchos que afirman que la libertad es sólo una ilusión, y que hasta el sentido de ser uno mismo es ilusorio. La sabiduría de Dios, desde nuestro punto de vista, no debe incluir lo que permite que nosotros decidamos. Sin que esto signifique que Dios no es omnisciente. De qué manera es esto, es un misterio.

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