martes, 5 de enero de 2016

La Ideología de Género o la perversión de la naturaleza humana

Antes de que sea delito, me gustaría decir algunas cosas acerca de la perversa ideología de género. Y cuando el sistema consiga imponerse y nadie pueda replicar para entonces la doctrina oficial —si es que esto finalmente se consigue—, veremos si callo y reviento o les digo de nuevo a los degenerados que están detrás de esta pestífera ideología, lo repugnantes que son. Por lo pronto invocaré la autoridad de la RAE para recordar que «las palabras tienen género (y no sexo), mientras que los seres vivos tienen sexo (y no género)». Pero la confusión no es casual en los medios ni en la política, y no lo es porque hay un buen número de malnacidos que mediante esta herramienta de poder están tratando —de hecho ya lo han logrado en parte— que la familia tradicional colapse y el ser humano se convierta en una especie de autómata sin identidad.

Los orígenes de este credo satánico se remontan a la aparición del movimiento feminista, que, en su fase radical, adopta los preceptos de la hidra que persigue el Nuevo Orden Mundial; monstruo, por cierto, que no pocos especialistas identifican con la masonería, a su vez dominada por la Sinagoga de Satanás (o sionismo internacional).

En el fondo, la ideología de género es un instrumento para transformar la sociedad de forma radical. Se trata en efecto de transmutar los valores tradicionales y por tanto de dinamitar los restos que del cristianismo puedan quedar. Así, ya no existe identidad personal. Luego para ellos no se nace hombre o mujer, sino que es la cultura la que impone los sexos (género, en el argot desviado). De ahí el gran interés que tienen estos zorros por la educación. Educación que, de forma asombrosa, controlan en buena medida y de forma generalizada, ejerciendo de hecho una tiranía salvaje contra el que no quiere por ejemplo que sus hijos sean adoctrinados en clases de sexualidad o excentricidades similares, por no decir aberraciones y disparates varios.

Y, claro, el principal sostén de esta peste social, como habrá advertido el lector inteligente, es el relativismo reinante. Lógicamente, si todo da lo mismo, el hombre puede ser mujer e incluso iguana si así lo prefiere. No obstante, las cosas son lo que son, y lo serán aunque les pese a estos enfermos morales (me refiero a los promotores y no a las víctimas). Porque aunque una persona se opere y cambie sus órganos sexuales, y en vez de llamarse Carmen, decide que a partir de ahora su nombre será Raimundo, su ADN seguirá diciendo que esa persona es mujer y no hombre.

En cualquier caso, esta ideología pestilente, defendida, si nos fijamos, desde movimientos progres —pues no en vano su raíz es marxista—, tuvo su derrota definitiva al malograrse de forma trágica la vida de David Reimer, usado como cobaya desde niño por los promotores de este ideario demoníaco.

Finalmente, y por desgracia, vemos hoy que el alcance de este colosal disparate, de este delirio infernal y homicida, es ya desbordante. La sociedad ha inclinado la cerviz ante estos perturbados, al haber vendido sus almas abiertamente al demonio de la televisión y la prensa, al haber apostatado de la fe de sus mayores, al haber entregado sus cuerpos a la molicie y los más prosaicos placeres.

En fin, el hombre que nace hombre, muere hombre. Y la mujer que nace mujer, lo mismo. Lo máximo a lo que pueden aspirar los promotores de la ideología de género, así pues, es que una determinada persona se parezca lo menos posible al sexo al que pertenece. Pero eso no cambiará jamás que sus células serán las mismas desde su concepción hasta su muerte. Por lo tanto, los ideólogos de esta ideología maléfica combaten en realidad contra la naturaleza humana, o lo que es lo mismo, contra el Altísimo.



Algunas referencias que el lector interesado debería tener en cuenta:

*La Ideología de Género de Jorge Scala.
*La Cruel Estafa: Feminismo y El Nuevo Orden Mundial de Henry Markow.
*La dictadura de género de Francisco Serrano
*El socialismo: Análisis económico y sociológico de Ludwig von Mises (Capítulo 4).
*Artículo: «Llamar a las cosas por su nombre» de Mons. Juan Antonio Reig Pla.
*Artículo: «Varón y mujer: ¿Naturaleza o cultura?» de Jutta Burggraf.

Y algunas instituciones que el lector debería despreciar desde lo más hondo de su ser, desconfiando de todo aquello que, relacionado con estos temas, proceda de ellas:

—La UE y la ONU en su conjunto. Y por lo tanto, la clase política que participa en este juego. 



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