sábado, 9 de julio de 2016

La imposición criminal del inglés


Me suena el teléfono una buena mañana y resulta ser un gran amigo, sacerdote, y jefe de estudios de un colegio concertado de Albacete. «Oye Luis, en el colegio nos ha surgido una vacante en Humanidades y nos gustaría contar contigo. Se trata de Sociales e Historia. ¿Cómo te viene?» De inmediato me ilusiono. Esta vez no se trata de cubrir una baja, sino de ocupar un puesto siendo el titular del mismo. Y para mí enseñar lo que me gusta es un privilegio. Pienso que si puedo desdoblarme, lo haría sin dudarlo. Después vería cómo cuadrar horarios y hacer que no me coincidieran éstas con otras clases. «Pero hay un problema», me dice. Yo ya sé cuál es, y me enciendo. «Las clases hay que darlas en inglés, y nos piden como mínimo C1». Albacete es una ciudad española, ¿y yo tengo que enseñar Historia de España a españoles en inglés? ¿A qué endemoniado se le ha podido ocurrir esto?

Tan sólo unos días antes, como si el destino me quisiera decir algo, una compañera me comenta que tiene una hija profesora y que está pasando un momento muy difícil. No sabe qué hacer, me dice la pobre. «No puede más. Está que se sube por las paredes». Y no me extraña. Es profesora de Filosofía en un instituto y tiene que enseñar a Platón, San Agustín y Descartes en inglés. Mi primera reacción es de asombro absoluto. Me indigno. Yo ya he oído rumores de cómo funcionan ahora las cosas en institutos y colegios públicos y concertados, pero la realidad es mucho más grave. ¿Cómo es posible este atropello? ¡Es una vergüenza!, le comento. Hace tiempo que me tiene muy negro este asunto, continúo. Ella asiente. En ese momento por fuera soy un cubito, la educación y el saber estar en persona, pero por dentro la cólera de Aquiles me azota, me posee la misma santa ira que al Nazareno cuando echó a los mercaderes del templo.

La patria de Cervantes enterrando el idioma de Góngora y Quevedo, de Sancho y del Quijote, de la Celestina, Lope y el primoroso Becquer, de los Machado y Juan Ramón Jiménez. No me salen las cuentas. Pero ahí no acaba la cosa. La buena mujer me confiesa a continuación que sus nietas le dicen que su asignatura favorita es Science. No ciencias, ojo, sino «sayens».

Doy por hecho que ninguna mentalidad sana puede aprobar disparates de este tipo. Lo cierto es que es metafísicamente imposible que un adolescente pueda entender las ideas de Aristóteles o Kant en una lengua que no es la suya de origen. El pensamiento hay que hacerlo propio. Y nada más íntimo que la lengua materna. Y qué decir de la entonación. ¿Tendría que enunciar con acento nuestra derrota en la batalla de Aljubarrota? ¿Decir London en vez de Londres? ¿Fuck you the french en lugar de «que se jodan los franceses»? ¿Y por qué no hablamos todos en inglés como en una nueva Babel y punto pelota? ¿A quién le importa el esperanto si tenemos el inglés para educar a nuestros hijos? Sin embargo este juego es perverso, criminal incluso, porque con la excusa miserable de enseñar (imponer más bien) el inglés, ni se acaba hablando inglés ni se aprende nada de Historia, Filosofía o Ciencia.

Por eso al margen de hacer la puñeta a los docentes (como llaman ahora los pedagogos a los maestros y profesores), se comete un verdadero crimen contra los jóvenes, a los cuales desde luego no se les pretende educar, sino frenar, con el fin de volverlos maleables. Y el crimen por tanto es también contra la nación española, que tendrá por nuevas generaciones hordas de analfabetos culturales educados únicamente por una televisión inmunda y unos modelos sociales en franca decadencia.

Pero es que ni siquiera siendo los chavales perfectamente bilingües se debería primar en modo alguno el idioma anglosajón frente al idioma nacido en Castilla. Esto no sería un crimen menor. En resumidas cuentas, dar las materias educativas en inglés es la evidencia indiscutible de que en España se desea la aniquilación de la educación y la cultura, y la prueba definitiva de que hasta ahora el sistema de educación es un instrumento para idiotizar a las masas, y no un medio para forjar personas maduras y libres.

Los políticos han enloquecido al decretar leyes educativas de este tipo. Jamás España ha visto un manojo de políticos tan mediocres e infames. Ni una población menos valiosa y despreciable. Las consecuencias en diez años serán desastrosas. Los chicos que ahora están siendo educados mañana serán padres. Y las referencias que poseen no son precisamente alentadoras. Así que Houston, we have a problem

Con todo, o yo sufro de delirium tremens o este estado de cosas sólo puede acabar en un apocalipsis. Mi impotencia en relación con la imposición criminal del inglés es infinita. Bien claro lo digo y bien rotundo lo expreso. Quizá lo mejor sea que el Leviatán nos devore cuanto antes. A la humanidad, como avisaba El Bosco en sus pinturas, le espera un final bien lúgubre.

Para nuestra desgracia, ha llegado ese día, como anunciaba Chesterton, en que tenemos que demostrar que las hojas de los árboles son verdes.


3 comentarios:

  1. El emperador Carlos, dijo en cierta ocasión que él empleaba el español para hablar con Dios; el francés para dirigirse a sus cortesanos y al alemán para relacionarse con sus caballos. Del inglés no habló; se conoce que no lo sabía.

    Está dentro del presupuesto aceptado por la canalla que nos gobierna, el que al ser España una colonia -España, quién te ha visto y quién te ve- tengamos que hablar no la lengua de Shakespeare, Newman y Chesterton, sino la de la abortista Clinton y el negro Premio Nobel de la paz (como el terrorista Arafat y el genocida Kissinger, por cierto)

    Hay un dato terrible que no ignoran los masones del NOM: Hoy en día, la Iglesia Católica reza mayoritariamente en ESPAÑOL.
    A ver si devaluamos, ignoramos, despreciamos, solapamos, anulamos esta lengua.

    Conmigo la lleváis clara, hijos de perra.

    Haddock.



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    1. Estimado Haddock, vivimos en un mundo de locos. Tristemente.

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  2. Luis, no has podido redactar mejor esta idea. Cómo bien dices es de locos obligar a los niños a aprender Filosofía e Historia de España en otro idioma, no van a enterarse ni de una cosa ni de la otra. Con lo que tú vales para enseñar...¡hay que joderse! el objetivo descarado es hacerlos más vulnerables e idiotas, ¡deberían revelarse los padres! Que sea opcional para el que quiera y valga para los idiomas, pero que sea obligatorio es estúpido. El castellano es grande y rico y no lo valoramos. Vergonzoso.

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