martes, 15 de noviembre de 2016

La sociedad psicopática

Me encontraba estudiando, aprovechando las últimas horas del domingo, cuando de pronto me llega un aviso: «Iker Jiménez está hablando en Cuarto Milenio de los psicópatas». Aunque ya sé qué me puede mostrar el bueno de Iker sobre este asunto, y con qué especialistas contará para informar a la audiencia, hago un alto en el estudio y lo veo. De inmediato me doy cuenta de que es necesario decir algo sobre lo que estoy viendo; en concreto de un par de cosas con las que no estoy de acuerdo. En primer lugar, no me parece serio que cada una de las voces invitadas hable no más de tres minutos sobre el fenómeno de la psicopatía. Esa no es la forma de exponer ningún tema, y menos ése. Ahí se demuestra qué grado de profundidad pueden alcanzar programas como Cuarto Milenio. En segundo lugar, no comparto la presentación que se hace de estos sujetos mediante la división sociológica de psicópatas y no psicópatas. Y digo a nivel sociológico porque la misma idea de sociedad psicopática, que Iker menciona y recoge de Vicente Garrido, implica que todos estamos de una u otra manera comprometidos. Dicho con otras palabras. Todos somos responsables en mayor o menor medida de la actual sociedad psicopática. Para entender esto sólo hay que atender a los conceptos de complicidad, participación o colaboración. A nivel sociológico, por tanto, da lo mismo si somos psicópatas o no. Lo relevante es qué rasgos compartimos unos y otros.

Lo cierto es que el fenómeno de la psicopatía es de gran interés, pues se trata en el fondo de uno de los problemas sobre los que más ha cavilado el hombre a lo largo de los siglos: el problema del mal. Al respecto, hace un par de años escribí una aproximación religiosa al misterio de la psicopatía que apareció en forma de libro. Pero no ha sido El psicópata y sus demonios el único libro en el que he reflexionado sobre el misterio del mal. Ese interés mío por estos interrogantes es lo que me ha hecho dedicarle unas palabras a este programa.

Pues bien, en dicho programa, que supongo que estará en Internet, Iker Jímenez preguntaba a uno de los invitados, Enrique de Vicente, por la sociedad psicopática. Básicamente la pregunta consistía en responder a si el Sistema dirige y por tanto es responsable de este orden de cosas. La respuesta del interlocutor fue que esto es algo evidente. Sin duda el Sistema al que alude Iker (por cierto, sin ir nunca más allá de la generalidad del término, aunque parece que últimamente está despertando y cantándole las cuarenta al Sistema), está construyendo una sociedad psicopática. Ahora bien, lo que convenía decir realmente en ese momento es que Cuatro, el canal en el que se emite dicho programa, contribuye y no poco a potenciar esos rasgos psicopáticos de los que está hablando Iker. Por ejemplo emitiendo series y películas de contenido malsano, hiperviolentas, hipersangrientas e hipersexualizadas. O shows a cual más repulsivo, o informativos manipulados hasta la nausea. Estos medios son, en verdad, mercaderes de ideas oscurantistas, es decir, contrarias a la auténtica cultura, madre de las buenas costumbres y de la salud de las almas. Y quien dice Cuatro, dice todas las demás cadenas en España.

Por eso no se puede presentar este problema en fórmula disyuntiva, ya que los que no somos psicópatas poseemos en muchos casos rasgos psicopáticos (la desensibilización es ya un mal generalizado, como lo es la pérdida del sentido del pecado), y lo que es peor, contribuimos a fomentarlos. En realidad los grados de complicidad, colaboración, participación o corresponsabilidad están ahí para todos. Sin ir más lejos, yo soy moralmente responsable de dar a conocer una serie como True Detective al comentarla en este espacio. En vez de esa serie, angustiosa y pesimista, podría haber comentado un libro espiritual. Al igual que el señor Iker Jiménez, que se pregunta por la deriva psicopática de la sociedad, pero trabaja para una cadena que emite únicamente series y películas con el sello del anticristo. De igual manera, una persona que vea cualquiera de esos asquerosos programas del corazón coopera con el fin que estos persiguen, y se hace en última instancia responsable moral por el hecho de verlos. Se podrían poner mil ejemplos en cada campo. Tal vez Anne Igartiburu vaya mucho a misa, pero el programa de corazón que presenta a diario se solidariza con los amores adulterinos de sus protagonistas y en general con el libertinaje actual. ¿Acaso no reservan los últimos cinco o diez minutos del programa a las satánicas estrellas del espectáculo norteamericano? Pues si eso no es poner la alfombra roja al anticristo, que venga Dios y lo vea.

En definitiva, la sociedad psicopática es obra colectiva. Es cierto que en su erección unos tienen más responsabilidad que otros, pero todos participamos en mayor o menor medida en esta gran locura. Asentada esta realidad, me aventuro a sugerir una causa. El caos moral actual, que ha dado lugar a esta sociedad psicopática, rebosante de violencia y narcisismo, es fruto del páramo espiritual en el que vivimos. Un hombre que ha perdido la noción de Dios acaba siendo una bestia. Por eso una sociedad sin Dios sólo produce barbarie, psicópatas, o gentes que no llegan a tanto, pero se comportan como tales.

Finalmente, ¿qué se puede hacer al respecto? A nivel personal rechazar absolutamente la cultura actual. Más bien la anticultura. Porque la industria del entretenimiento, sumando todos sus tentáculos (espectáculos, literatura, música, cine, televisión, prensa, videojuegos, arte, etc.), potencia todos estos rasgos psicopáticos, insanos, inhumanos, degenerados. No debemos extrañarnos por tanto de que cada semana haya una nueva carnicería perpetrada por algún sádico, o que unos mocosos den una paliza día sí día también a compañeros suyos, o que la educación o deferencia de la gente se haya rebajado hasta límites insoportables. En fin, soy consciente de que la corriente fluye con irresistible violencia, y que por tanto vivir contra ella es una exigencia de enormes dimensiones. Pero no queda otra que repudiar esta falsa cultura y estos falsos referentes. No hay más salida que plantar cara a la barbarie, volviendo a los sanos principios y a las buenas costumbres. Pues del mismo modo que se educan ahora los cuerpos en los gimnasios, es preciso que se eduquen las almas. De lo contrario la convivencia será imposible. Y el desprecio entre las personas estará garantizado.


Para ser psicópata no hace falta matar. El término hace más bien referencia a un tipo de personalidad que después se expresa o proyecta en el ámbito social. Los criterios de la tabla señalan una serie de características que son comunes a muchas personas. Lo ideal que el resultado de esa tabla sea el menor posible. Aquí se reflejan esos rasgos psicopáticos de los que hablaba más arriba.

Diagnosticar es un término médico, y la psicopatía como tal no está considerada un trastorno mental. O mejor dicho, una enfermedad. Sin embargo, este test de Robert Hare (Psychopathy Checklist PCL-R, 2003), a través de sus ítems, da una idea bastante precisa de los rasgos que presentan los individuos llamados popularmente psicópatas.


Robert Hare creó la primera versión de este listado en 1980. Cada ítem debe calificarse con 0 puntos (ausente), 1 punto (posiblemente presente) o 2 puntos (presente), de acuerdo a la biografía del sujeto al que se está cuestionando y a las respuestas proporcionadas en una entrevista con preguntas establecidas de antemano por el profesional. Se considera psicópata a quien alcanza un mínimo de 30 puntos de un total de 40 posibles.



*Las calificaciones que aparecen en la tabla de valores son una muestra de cómo ha de calificarse; luego son ilustrativas. No responden por consiguiente a ningún caso real.



1 comentario:

  1. Estoy en acuerdo con la crítica del cinismo con el que muchas veces se denuncian cosas, cuando participamos directa o indirectamente en su existencia.

    Lo que me plantea dudas es si realmente hoy vivimos en una sociedad peor a lo que ha sido en términos históricos; ya que sin ser un experto en Historia, no conozco ningún periodo en el que de algún modo, y cada una con sus peculiaridades, haya sido mejor.

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