viernes, 11 de noviembre de 2016

Y sin embargo ganó Trump

Ni el horno está para bollos ni el mundo para literaturas. Por eso a veces hay que hacer de tripas corazón y hablar también de política; de asuntos relevantes, en definitiva, de cuestiones serias que tienen en última instancia una incidencia real en la vida de la gente llana. Ciertamente muchas personas son como los cerdos del Evangelio, que no merecen que nadie les eche perlas, pero otras sí necesitan un poco de claridad para saber a qué atenerse. Estos llevan demasiado tiempo siendo víctimas de la maquinaria propagandística de los medios de comunicación (auténtica industria de guerra psicológica). Sin duda en el Juicio Final los periodistas tendrán una condena más severa que los propios políticos. Unos y otros, monigotes de las élites mundialistas, son homicidas masivos de almas y pérfidas serpientes. Pero parece ser que ya no cuelan como antes sus patéticas mentiras. A pesar del desasosiego que me produce ocuparme de estos menesteres, hoy me alegra comprobar cómo a los embusteros se les atragantan sus queridas urnas. 

A fin de cuentas, la noticia es que ha ganado las elecciones el impresentable Donald Trump. Qué paradójico resulta que lo primero que vaya a hacer este racista sea echar a un negro de la Casa Blanca. Algunos a estas horas aún deben de estar tratando de sacar esa dichosa espina que se ha clavado en su garganta. ¡Qué lastima! A los que quieren democracia, les han dado dos tazas. Porque hay que decir, en honor a la verdad, que este tipo ha ganado la presidencia de los USA con el apoyo de la «gente». El pueblo americano ha hablado: ¡habemus president! ¿Qué será a partir de ahora de los fulanos y fulanas discrepantes? ¡Les queda ser demócratas! ¡Qué desgracia más grande! ¡Uy, no, por Dios! ¡Ahora tendrán que demostrar su democrático talante!

No es menos cierto que este tipo, con todo lo que quiera decirse de él, ha sufrido una campaña mediática brutal en su contra; hecho, por cierto, que ha permitido revelar el auténtico rostro de sus contrincantes: el sistema mundialista satánico (del que no se sabe si el mismo Trump también forma parte). Sin embargo, parece que los mercenarios del llamado establishment ya no convencen a la plebe como antes. Parece, digo. Y digo que parece porque en este mundo de locos, sólo Dios sabe lo que es y lo que sólo aparenta serlo. En fin, la artillería mediática de las élites (fulanos del periodismo, putos del espectáculo, intelectuales del fango y reptiles varios), aun jugando su papel, han fracasado. Y es que cuando una persona tiene como teloneras de su campaña política a Madonna, Katy Perry y Lady Gaga, la gente llana —que es tonta hasta cierto punto— le tiene que dar la espalda. 

Afortunadamente, muchas personas de bien ya se han dado cuenta de que los mayores criminales están en los gobiernos. Mejor dicho, detrás de los gobiernos manejando sus hilos. Hoy por ejemplo ninguna persona informada mantiene la infamia de las torres gemelas, o cree en la versión oficial de la matanza de Madrid en marzo de 2004, o sostiene eso de que las primaveras árabes fueron para democratizar el norte de África, pues la realidad es que las primaveras árabes se han convertido en inviernos islámicos. ¿Siria? ¿Acaso no está detrás de la guerra de Siria EE.UU., Israel y la OTAN? ¿Qué narices es eso del Estado Islámico, y cómo no pueden liquidar a 20.000 monos los ejércitos más poderosos de la Tierra? Podría seguir tirando del hilo y no acabaría nunca. Lo importante es que estas mentiras ya no se las creen más que cuatro pogres idiotas.

Las encuestas, por su parte, han hecho un nuevo ridículo monumental. Como todos esos echadores de cartas de las tertulias de televisión. Y es que las encuestas no han reflejado jamás la verdadera intención de los votantes. En realidad siempre se ha tratado de marcar una tendencia, de orientar una intención, de insinuar una opción de voto; se ha tratado por tanto de persuasión, de manipular al votante medio (en general pésimamente informado) para lograr situar al pelele favorito de las élites en un determinado cargo, creando la ilusión en los votantes de que eso ha sido idea suya.

Por último, yo como cristiano creo en Jesucristo. Y no en Donald Trump o el papa Francisco. Precisamente esa fe me permite saber que detrás de la apostasía que vivimos llega el anticristo. Por eso me parece sumamente crítica la salud del mundo, y por eso creo que el futuro inmediato de la humanidad no será positivo. Puede, incluso, que Donald Trump sea una pieza más del engranaje de este sistema corruptor que está haciendo la guerra a las sanas costumbres y a la tradición cristiana. No pongo la mano en el fuego por él, desde luego, pero que haya sido atacado de esa manera y de forma tan desesperada por los ejércitos mediáticos, ¿no da a entender, con todas las reservas que se quiera, que los peces gordos no deseaban que este señor tan excéntrico llegara a la Casa Blanca? Pero también puede ser, como decía, que ésta haya sido la jugada maestra de las élites mundialistas. Puede que a Trump se le haya consentido esta victoria, para atribuirle a él un futuro desastre. O lisa y llanamente para terminar de afinar el nuevo orden mundial anticristiano. No me jugaría ni un billete de cuatro euros. Ya no me fío de nadie.

Sea como fuere, a los adalides de la democracia no les queda más remedio que joderse. Y joderse intensamente. Por eso algunos, que lo saben, no han podido reprimir su disgusto:

«Trump es una catástrofe para todos y todas. Más que nunca hay que defender los valores sociales y la democracia». Patxi López (Pachi Nadie) dixit.

Efectivamente. Trump podrá resultar nefasto. Eso ya se verá. Pero ha sido elegido por una mayoría de norteamericanos. Por eso me pregunto qué entenderá este calandrajo por democracia. ¿La victoria de su partido? ¿Y Pablo Anti-Iglesias? ¿Y el parlamentario Rufián, que habla del nivel de sus compañeros de casta y comete 800 faltas ortográficas en folio y medio? ¿Y nuestro presidente gallego? ¿Qué dirá don Mariano ni fu ni fa Rajoy de esta elección popular? ¿Qué opinión tendrá el perfecto tibio? 

Pues ni lo sé ni me importa. Yo ya me vuelvo, corriendo corriendo, a mi mundo de los libros.



PD: En fin, esto se pone interesante. Ahora está por ver si Trump se enfrenta de veras al globalismo o si le allana el camino. De lo que ha dicho, me gustan sin duda muchas cosas; otras no tanto. Por ejemplo, algo que no me agrada lo más mínimo es que haya dicho que va a ir a por Irán, y sobre todo que esa amenaza se llevará a cabo de la mano de Israel. Ojalá esta declaración sea únicamente un cálculo político para confundir en campaña al sionismo. Por sus frutos se le conocerá.

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