jueves, 16 de marzo de 2017

Europa será pronto el escenario de guerras de religión


Hoy, jueves 16 de marzo de 2017, a 3 días del día de San José (Día del Padre para El Corte Inglés), el ministro de Exteriores de Turquía ha asegurado que Europa será pronto el escenario de guerras de religión. 

La historia de la humanidad está recorrida de principio a fin por conflagraciones y contiendas. El futuro no debería por tanto carecer de ellas. Y engañarse sería pensar lo contrario.

Otra cosa es que lo que veamos pronto en Europa puedan considerarse realmente guerras de religión. Hablando con precisión, no parece apropiado expresarse en esos términos. ¿Por qué? Porque no hay otra religión con la que el islam pueda chocar. Europa sería en todo caso sometida al islam, pero ninguna religión chocaría contra éste, porque el cristianismo ha desaparecido de las instituciones, de los estados o naciones, de la vida pública. De chocar contra el islam los países europeos, veríamos en todo caso un choque entre dos mundos, no entre dos religiones: ateo uno, ciertamente religioso el otro. Se daría entonces un enfrentamiento entre una cosmovisión libertina y neopagana y una filosofía inflexible y totalitaria. Eso en el supuesto de darse tal choque. Pues es posible que el trasvase de poderes resulte indoloro.

Lo que es posible palpar en cualquier caso es que las antiguas naciones cristianas, retractadas ya de la religión que las ha encumbrado en la historia, están cediendo a las arremetidas de la media luna. Pues si en Holanda pueden hacer campaña electoral los turcos, ya no es posible saber en qué se diferencian Holanda y Turquía. Y lo cierto es que ya hay millones de musulmanes en Europa que, obviamente, desean regirse por las leyes que les son propias. Por eso presionan y se hacen notar. Y como por otro lado Europa ha sido envenenada desde hace siglos y su identidad ha sido hecha pedazos, ésta ya no tiene recursos efectivos para hacer frente a una amenaza como el islam; amenaza, por cierto, añeja, pues el islam es el enemigo tradicional de la religión cristiana. 

Llegados a este punto, alguien en su sano juicio podría preguntarse de qué han servido los planes de estudio y la escolarización forzosa de las últimas décadas.

La cuestión, en resumidas cuentas, es la siguiente: la Reforma protestante disolvió la Cristiandad, y el resultado de esta disolución fue Europa, una realidad política totalmente distinta a la anterior e inspirada en los postulados heréticos de Lutero y compañía. La consecuencia necesaria fue la democracia liberal, disolvente y gangrenosa. Con las infelices democracias cada uno de los pueblos de Occidente ha apostatado de su antigua religión, mientras eran divididos y enfrentados. Hoy los occidentales se dividen en partidos políticos y equipos de fútbol. En definitiva, ya no hay capacidad de reacción. Ya no hay unión posible. Porque ya no hay ningún elemento galvanizador realmente poderoso que pueda hacer frente a un enemigo exterior.

La cruz, que lo fue en su día, ya ha sido despreciada y retirada de las sociedades postcristianas. Eso explica en parte que hoy en el parlamento español se haya discutido si debe prohibirse que se le recorte el rabo a los perros. En fin, ¿no habrá de ser el islam el látigo con el que Dios castigue a la actual civilización de los necios? 


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