miércoles, 13 de febrero de 2013

Julio César: La biografía definitiva, de Adrian Goldsworthy

Cayo Julio César es el romano más conocido del planeta y una de las figuras más fascinantes de la historia. Es uno de mis personajes favoritos, y despierta en mí enorme admiración pero también suspicacia. Quizá sea porque lo que sabemos del genial César es que además de sus deslumbrantes luces, su vida interior permanece secreta para nosotros. Al margen de esto, su colosal talento y sus hazañas lo encaminaron a ser considerado todo un dios, y a ser adorado como tal. Con razón o sin ella, y descartando sus debilidades, el pueblo de Roma no pasó por alto sus innumerables cualidades, pues fue mucho más que político excepcioinal, brillante orador, escritor elegante y general invencible.

      César, de Adrian Goldworthy, es una biografía detallada y agradable de uno de los principales ídolos de la Antigüedad.



      La biografía de Adrian Goldsworthy, como he dicho antes, repasa la vida de Julio César con minuciosidad, a través de las fuentes clásicas que conservamos, mientras nos describe el marco en el que el genial personaje se desenvolvió. Aquí no voy a repetir la biografía de César, ni siquiera de forma esquemática, porque se puede encontrar con facilidad, sino que consignaré una serie de apuntes que considero esenciales para comprender la época y la persona de Julio César.

      Aunque el eminente profesor que firma esta obra, como es lógico, sí transita de principio a fin la vida del personaje. Su biografía está dividida en tres partes. La primera de ellas comprende los años 100-59 antes de Jesucristo, centrada en el ascenso de César al consulado. Repasará la infancia de César, su mundo, su choque con Sila, la conspiración de Catilina y su endeudamiento para alcanzar la más alta magistratura de la República. En la segunda parte, de los años 58 al 50 a. J. C., se desarrollan años apasionantes para César, que ocupa cargos importantes en Hispania y finalmente en la Galia, que conquistará vertiginosamente en pocos años. Finalmente, en la tercera parte (años 49-44 antes de Jesucristo) nos adentramos en la guerra civil contra Pompeyo y en su dictadura, para acabar en los idus de marzo. En medio de todo eso, como se puede imaginar, hay un mundo fascinante lleno de personajes inolvidables, de hazañas increíbles y de espeluznantes actos de crueldad. Son los contrastes de una civilización asombrosa.

COMENTARIO: NOTAS FUNDAMENTALES

Uno de los elementos que más hay que tener en cuenta en la vida de César, y en cualquier biografía, es el entorno. El mundo de Julio César era un mundo sometido a tensiones y paradojas bien llamativas. Por ejemplo, los ciudadanos romanos tenían un sentido de unidad muy arraigado y sin embargo entre ellos existía una marcada división de clases y un desprecio mutuo. Roma pese a todo avanzaba inflexible conquistando el mundo conocido. O por ejemplo la convivencia de una era atroz y brutal y a la vez extremadamente civilizada. La vida pública continuaba su curso sacudida por violencias puntuales, y aunque no se puede decir que fuera estable, el sistema republicano resistía y superaba cada crisis.

      El objetivo de cualquier romano era alcanzar la gloria, y para eso tenía que demostrar a través del cursus honorum sus facultades para dirigir los asuntos de Roma en una competencia feroz. Las ambiciones eran tan altas como los riesgos de ruina, y por eso sólo unos pocos descollaron entre muchos. Algo esencial para entender las costumbres de la Roma clásica es que no había distinción en la carrera de un senador entre la política y la milicia. César, como cualquier ciudadano romano que alcanzara un cargo público, desempeñaba tareas civiles, militares e incluso religiosas.

      La religión, por ejemplo, era un pilar esencial de aquel mundo. Impregnaba todos y cada uno de los aspectos del mundo romano. De hecho, «César fue uno de los sacerdotes más importantes de Roma y celebraba o presidía rezos, sacrificios y otros ritos de forma regular. También dio gran valor a la tradición familiar que sostenía que su linaje descendía de la diosa Venus. Sin embargo, no sabemos en absoluto qué significaban estas cuestiones para él. Muy rara vez dejaba de hacer algo debido a escrúpulos religiosos y estaba dispuesto a manipular la religión en su beneficio, pero eso no implica necesariamente que fuera un cínico absoluto y que no tuviera ninguna creencia» (p. 19).

      Por otro lado, esta ambigüedad de César se puede ver en cómo trató a los perdedores de la guerra civil. Fue clemente con ellos como ningún otro general romano lo había sido con los suyos, y al margen de sus verdaderos motivos, es un hecho que ese acto de grandeza salió de él.

      De cualquier manera, cuenta Goldsworthy al final del libro, la incertidumbre acerca de César y cómo juzgarlo comenzó con los mismos romanos, «que admiraban sus magníficas conquistas, pero deploraban otros aspectos de su vida y su carrera y continuaban reverenciando a algunos de sus adversarios» (p. 664). Yo, en cambio, lo he dicho varias veces, prefiero acercarme a los personajes históricos y después de estudiarlos hacer un balance. Y en este caso las luces de César son mayores que las sombras. Aunque acumuló un enorme poder personal —dictador perpetuo, sumo pontífice, imperator, etc.—, lo utilizó con mesura. Para Goldsworthy, «por lo general, gobernó bien, introduciendo medidas sentatas y propias de un estadista, así como beneficiosas para Roma» (p. 13). Entre sus reformas se cuentan la ampliación de la ciudadanía,  la eliminación del sistema impositivo vigente, o la reforma del calendario, entre muchas otras. En un balance histórico César resalta como un personaje magnífico. Los juicios, en cambio, corresponde dejárselos a Dios, pues ninguno de nosotros conoce el fondo de ninguna persona.


FICHA
Título: César: La biografía definitiva

Autor: Adrian Goldsworthy

Editorial: La esfera de los libros
Otros: 2007, 784 páginas
Precio: 39
 

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