miércoles, 23 de marzo de 2011

Una pena en observación de C.S. Lewis

Pocas veces se puede decir tanto con tan pocas palabras, y sobre todo con tanta sensibilidad y sencillez. Una pena en observación es una preciosa, pero también desgarradora, reflexión sobre la pena. Para un creyente como C.S. Lewis, uno de los pensadores británicos más grandes que ha existido, tan perspicaz en sus observaciones como transparente en sus exposiciones, la pérdida de su mujer y el dolor causado por ésta fueron para él un golpe tan duro que lo sumieron en un lacerante dolor. A partir de sus tristes —y nunca comprendidas del todo— circunstancias escribió estas bellísimas notas sobre la pena, un combustible que hizo arder sus creencias como si de un castillo de naipes se tratara.

      Sin embargo, en sus reflexiones, C.S. Lewis fue apartando tanto como pudo los sentimientos para dar entrada a la luz purificadora de la razón. Pero para mantener su firmeza en Dios y su fe en lo sobrenatural dejó para la posteridad preguntas universales, eternas, incómodas para un creyente, valientes, que conmueven a cualquiera y que resultan descorazonadoras. Llenas de sensibilidad y agudeza, las palabras de C.S. Lewis son una noble oración al cielo en busca de sentido por la pérdida de un ser querido. Sentido y no consuelo, porque un hombre tan sabio como él sabe que con el sufrimiento no se puede hacer otra cosa que aguantarlo. «¿No son todas estas notas las contorsiones sin sentido de un hombre incapaz de aceptar que lo único que podemos hacer con el sufrimiento es aguantarlo?». (p. 49)

      C.S. Lewis se pregunta «¿dónde está ella ahora?», porque si H. ya no es un cuerpo y el cuerpo que él amaba ya no es ella, eso quiere decir que su mujer ya no está en ninguna parte en absoluto. Nos sumergimos en la profunda tristeza junto a las palabras dolorosas del escritor, que como tristes lamentos pronuncia: «Sé que la cosa que más deseo es precisamente la que nunca tendré. La vida de antes, las bromas, las bebidas, las discusiones, la cama, aquellos minúsculos y desgarradores lugares comunes»[1]. Nos hunde en la pena estos desconsolados pensamientos.

      Pensamientos que, envalentonado por el dolor, lo llevan a formularse preguntas difíciles para un creyente, afiladas, penetrantes. Lewis hubiera preferido cambiarse por ella, padecer él el sufrimiento de H. y darle, finalmente, la mano a la negra señora en su lugar. Pero se da cuenta de algo: «El caso es que esto es insoportable. Y me pongo a balbucear: “Si pudiera aguantarlo, o por lo menos una parte, la peor, sufrirlo yo en vez de ella.” Pero no se puede saber hasta qué punto va en serio esta oferta, porque en realidad no se ha apostado nada. Si de repente “sufrir en vez de ella” se convirtiera en una posibilidad real, entonces por primera vez nos daríamos cuenta de la importancia de su significado. ¿Se nos ha permitido esto alguna vez?»[2] 

      Todo se tambaleaba para C.S. Lewis sin su mujer, su compañera, su madre y hermana. Sabio y humano como pocos, el escritor se dio cuenta que «nunca sabe uno hasta qué punto cree en algo, mientras su verdad o su falsedad no se convierten en un asunto de vida o muerte»[3]. Porque, verdaderamente, «solamente un riesgo real atestigua la realidad de una creencia»[4]. Desamparado y roto, tan pronto un rayo de esperanza cruzaba su alma la herida se volvía a abrir, penetrando el dolor hasta el rincón más tierno e indefenso de su cuerpo. Sólo Dios puede tener una respuesta a todo esto, pero resulta tan inabarcable de comprender. Es tan duro tener que pasar por un trance así que se hace inconcebible cómo un Dios bueno puede haberlo organizado todo para que así suceda. Pero ¿cómo acceder desde nuestra enclenque mente a la inteligencia pura?

      Y así, sin más, se rasgó por la mitad a dos, que eran uno, y que soñaban con no separase jamás. Y de estos anhelos brotó en nuestro escritor una fantasía, una esperanza muy humana, que empapa nuestros ojos de lágrimas y dice mucho de la grandeza del ser humano:

«En una ocasión, cuando ya se acercaba su final, le dije: “Si puedes, si te dejan, ven junto a mí cuando yo también esté en mi lecho de muerte.” “¿Dejarme? —me contestó—. Trabajo le va a costar al Cielo retenerme. Y en cuanto al Infierno, lo rompería en pedazos.”»[5]

     Una pena en observación es un clásico de las letras universales, trazado con pesar y una claridad deslumbrante por uno de los mayores intelectos del siglo XX pasado, C. S. Lewis, profesor eminente de Oxford y Cambridge. Un sabio que dejó en estas pocas páginas un texto de tanta belleza y humanidad como profundidad intelectual. Unas cuantas palabras que rebosan verdad y hablan de amor, fe, el recuerdo, el vacío, la soledad, el sufrimiento, la esperanza y la vida, es decir, de ti, de mí y de todos. 


 FICHA

Título: Una pena en observación

Autor: C. S. Lewis

Editorial: Anagrama, 

Otros: Barcelona, 2007, 104 páginas

Precio: 10 €

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[1] pp. 38 y 39
[2] p. 64
[3] p. 36
[4] p. 36 y 37
[5] p. 102


7 comentarios:

  1. yo opino que todo sus cuentos son cheveres y fantasiosos

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    1. Hola «Anónimo».

      C.S. Lewis escribió en ficción 'Cronicas de Narnia' que no es inferior, en ningún aspecto, a El Señor de los Anillos de su amigo Tolkien.

      En cuanto al resto de su obra, nos encontramos con uno de los mejores ensayistas del siglo XX. Lúcido y valiente. C. S. Lewis fue un hombre con una altura intelectual semejante a los hombres más eminentes de su tiempo. Pueden escocer a mucho sus escritos de apología cristiana, y más su marcado carácter ortodoxo, pero de lo que no hay duda es de que se trata de uno de los mejores comentaristas cristianos de su siglo.

      Por centrarme únicamente en este texto comentado aquí de C. S. Lewis, 'Una pena en observación', creo que su valor no admite dudas: Es una obra exquisita con una claridad intelectual deslumbrante. (Leáse el libro o este comentario.)

      La cueva de los libros es un sitio serio. Si se permite cualquier opinión es precisamente con la intención de que éstas enriquezcan a los demás. Me gustaría que si alguién se pronuncia, al menos justifique su postura. Vamos, que se responsabilice de lo que dice.

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  2. Pues se me ha hecho eterno, y eso que es bien cortito

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    1. Hola Alberto.

      No sé lo que esperabas encontrar.

      Pero supongo que eres consciente de que no se puede leer con la misma intensidad El código da vinci y La Divina Comedia.

      Y en este caso, aunque el libro sea corto, es un ensayo filosófico. Un género que no hace concesiones al lector de novelas. Imagínate si alguien intenta leer de corrido a Kierkegaard o Maquiavelo.

      Aun así, por el motivo que sea, una obra breve —de todo tipo—, se puede hacer pesada. Este ha sido tu caso. Perfecto. Aunque a mí "Una pena en observación" me parece un libro muy delicado y profundo.

      Saludos.

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  3. Un libro precioso,me llegó al alma estaba tambien sufriendo una gran pena por la muerte repentina de mi hijo. En ese dolor llego a mis manos. Gracias Lewis.

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    1. Dios lo tenga consigo hasta que usted se reúna de nuevo con él.

      Este gran libro de Lewis es un testimonio de una belleza insólita, y una hermosísima oración. A mí también me pareció precioso, sin duda.

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  4. SOLO YO ENTIENDO ESTE DOLOR,,, YO ESCRIBO ALGO MUY PARECIDO...

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