viernes, 3 de junio de 2011

Sangre y arena de Vicente Blasco Ibáñez

Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) fue un escritor español tan prolífico como polémico. De origen valenciano, sus novelas fueron acogidas con éxito por parte del público. A partir de su breve paso por París, donde entró en contacto con el naturalismo francés, impregnó a sus primeras obras el carácter realista y costumbrista que absorbió de la capital francesa. Sin embargo, más allá de sus novelas regionales como La barraca, Cañas y barro o Entre naranjos, Sangre y arena desarrolla un retazo literario de nuestra cultura multicolor. Blasco Ibáñez con Sangre y arena creó una novela de ambiente, psicológica, en la que tanto el escenario de fondo como el contenido mismo son uno de los símbolos de la cultura española: la fiesta nacional, la fiesta de los toros.

     A pesar de que Vicente Blasco Ibáñez se descubre en la última frase del libro: «Volvió a rugir la fiera: la única, la verdadera», lo cierto es que la obra no es marcadamente antitaurina. El Nacional, banderillero de Juan Gallardo (el espada, protagonista de la novela), es el contrapunto anticlerical al ambiente social dominante, profundamente supersticioso y religioso. El doctor Ruiz, por otra parte, es un convencido defensor del toreo, y expresa su discurso sin complejos frente a las críticas europeas hacia la fiesta nacional. Pero es Juan Gallardo, un muñeco vestido de oro y seda, el personaje central del drama, la figura trágica de Sangre y arena.

     El narrador, a través de la pluma de Blasco Ibáñez, utiliza al torero para manifestar emociones universales —más encontradas que nunca en nuestra tierra y en la propia fiesta de los toros— como el miedo, la pasión, los celos, el coraje… Y también el torero tiene su contrapunto: doña Sol. Una mujer de clase superior a Juan Gallardo con la que éste mantiene una relación tormentosa, y que supone la ruptura cosmopolita y europea frente a la España andaluza, de campo, sol, olores fuertes y gentes supersticiosas. En cierto sentido, Juan Gallardo y doña Sol son dos polos opuestos: uno, la bestialidad del vulgo, la otra, la elegancia que aporta pertenecer a buena casa. Sin embargo, no se comporta de forma más noble la que llaman en Sevilla «La Embajadora» que el reconocido torero.

     Pero no son los personajes lo más trabajado de Sangre y arena. No existe profundidad psicológica en los personajes, tampoco emocional. Desfilan por el ruedo del relato seres como doña Carmen, la mujer de Juan Gallardo, una auténtica dolorosa; doña Angustias, la madre del mismo, una mujer que ha visto ascender a su hijo desde la miseria hasta la opulencia; Potaje, el picador de Gallardo, vulgar y campechano; o El Plumitas, bandolero popular por los parajes de Sevilla y Córdoba, que a pesar de ser imaginado como un caballero andante gracias a la fama que ha cosechado, no es más que un gañán. 

     Sin embargo, si los personajes no conmueven más allá de los sentimientos que es capaz de transmitir Blasco Ibáñez con su facilidad narrativa, es porque lo verdaderamente logrado de Sangre y arena es su dominio costumbrista, su capacidad para describir la vida de la época. El escritor español realiza una crónica detallada de las costumbres y vida de la época. Desarrolla como pocos el naturalismo con escenas tan bien plasmadas como la Semana Santa, las envidias populares, cómo se enfunda el torero su traje de luces y cuál es su ritual antes de saltar a la plaza, las clases sociales o la España católica, ignorante y supersticiosa, instruida sólo por el clero. Así, Blasco Ibáñez refleja una amplia panorámica social con personajes de la aristocracia como el marqués de Moraima, tío de doña Sol; el propio Juan Gallardo, que escapa de la pobreza convirtiéndose en torero (vía de escape de no pocas familias pobres); hasta la extracción social más baja con El Plumitas, un bandido de poca monta que, a pesar de no ser más que un criminal, conserva un aire romántico. Pero lo que verdaderamente está descrito con genialidad de maestro es el injusto criterio de la muchedumbre, la crítica injusta después de un halago excesivo. A eso es muy dado España, a ensalzar ídolos y a crucificarlos posteriormente, como si fueran héroes que nunca pudieran defraudar a la bestia que los sigue.

    Finalmente, Blasco Ibáñez describe perfectamente, con un estilo más práctico que cuidado, la decadencia de Juan Gallardo como estrella del toreo. Son las escenas más emocionantes de la novela, donde deja traslucir los sentimientos encontrados de orgullo y miedo del torero, de vanidad y declive, de raza y caída. Es la verdadera tragedia, que es lo que simboliza, ni más ni menos, la fiesta nacional española: mucho más que simple sangre y arena.


Título: Sangre y arena

Autor: Vicente Blasco Ibáñez

Editorial: Alianza Editorial

Otros: Madrid, 1998, 416 páginas 

Precio: 10,5 €


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