sábado, 4 de octubre de 2014

Objetivo Beato de J. D. Pastor: El arte de los manuscritos iluminados

En el año 2005, en las librerías españolas apareció una joya bibliográfica al alcance de todos los bolsillos que contenía 12 miniaturas del Beato, impresas en un soporte especial de pergamino. Solo por este detalle el libro merecía la pena comprarlo. Y por supuesto, en cuanto supe de su existencia, me hice con él. Realmente, dentro de las artes menores, las miniaturas, es decir, la iluminación de manuscritos antiguos, es un mundo deslumbrante y totalmente desconocido a nivel popular. Una excusa perfecta para acercarse a este arte tan delicado y colorido es el libro que ahora comento: Objetivo Beato. Escrito por un guardia civil que vivió en carne y hueso la operación montada para recuperar el Beato robado de La Seu d'Urgell. Toda una historia rocambolesca; como la vida misma.


El relato que nos propone J. D. Pastor en Objetivo Beato tiene su arranque en el robo de este valioso objeto de arte, el 29 de septiembre de 1996. El Beato había desaparecido de la noche a la mañana del Museo Diocesano de Urgell, pero se recuperó, gracias a la operación de inteligencia de la Guardia Civil, el 21 de enero de 1997. La Unidad Operativa Central se puso en marcha el instante, y el Grupo de Patrimonio Histórico intervino rápidamente. Pero la operación no fue nada fácil. Además, la presión era asfixiante. Acababan de robar un códice manuscrito del famoso Beato de Liébana, valorado, si es que podía calcularse su precio, en muchos millones de dolares. La historia de este libro es sensacional; de película, incluso. Pero no deseo hablar de la historia del libro, sino de la especial naturaleza de estas joyas bibliográficas.

Un Beato es un códice o libro medieval, cuyo soporte es un pergamino de piel de ternera u otro animal, escrito en latín e iluminado, que contiene un comentario al último libro de la Sagrada Biblia, el Apocalipsis. Debe su nombre a un monje de Liébana (Cantabria) llamado Beatus, que vivió a finales del siglo VIII. El libro fue leído en todos los monasterios y se hizo extremadamente popular en toda Europa.

El motivo de su fama no se debió sin embargo al contenido de estos manuscritos, sino a sus preciosas miniaturas, cuyos vivos colores excitaron la imaginación de los hombres y mujeres de aquella época, acercando a su corazón un texto tan rico en simbolismo y dado a interpretaciones diversas como era el Apocalipsis. Las pinturas, según San Alberto y otros grandes hombres de Iglesia, eran el mejor remedio para que las personas que no sabían leer entendieran la enseñanza apocaliptica. Hoy estos pergaminos son muy cotizados en todo el mundo por su valor histórico y la gran belleza de sus ilustraciones. Por algo los especialistas han llamado a estos libros "catedrales del arte y del saber".

En total existen 24 Beatos ilustrados, y se conocen por el lugar donde se conservan: Manchester, Lorvao-Lisboa, Gerona, Saint-Sever, etc. Me imagino sin poder remediarlo a los anónimos miniaturistas de un monasterio perdido escribiéndolos e ilustrándolos a la luz de una vela, en largas y desapacibles noches de invierno. Mirar estas obras, efectivamente, es una gozada. Sorprende cómo después de tantos años los vivos colores de las miniaturas, lejos de borrarse, se conservan con notable brillo.

Quiero reparar en la necesidad de apreciar el valor de lo delicadamente trabajado. Y ya de paso en el mensaje del propio libro del Apocalipsis. Un libro de esperanza, a pesar de las desgracias que en él se describen, pues el bien triunfa sobre el mal y lo arranca del mundo para siempre, aun cuando éste se despliegue en los 22 capítulos del libro con toda su crudeza.

En definitiva, pocas veces las artes menores se muestran tan exuberantes como en las miniaturas de los manuscritos medievales.



Una de las páginas de miniaturas que recoge Objetivo Beato

Beato de Corva-Lisboa

Beato de Manchester

Beato de Saint-Sever

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