miércoles, 14 de septiembre de 2011

Electra de Eurípides

Siglo V a. C. En la época de mayor esplendor político y artístico de Atenas, Eurípides, uno de los tres genios del teatro clásico junto a Esquilo Sófocles, recuperó en Electra —la tragedia que comentamos— un tema ya abordado por los otros dos gigantes: la venganza de los hijos de Agamenón, asesinado por su esposa Clitemnestra, y el amante de ésta, Egisto. Aquí Esquilo dedica un volumen único al tema, y no lo incluye en una trilogía como la Orestíada de Esquilo. Destacan en Electra el realismo psicológico de los hermanos protagonistas y un apasionante drama familiar.

Leer una obra clásica siempre es un placer indescriptible, superior a cualquier resumen que describa la historia que contiene. Por eso es un pecado sustituir la lectura personal de estos textos por relatos, mejor o peor narrados, que nos cuenten qué sucede en ellos.

Pero ciñámonos a la historia. Poco antes de partir hacia la guerra de Troya, Agamenón, el caudillo de los aqueos (griegos) se vio obligado, por un oráculo, a sacrificar a su hija Ifigenia. Y Clitemnestra por supuesto juró vengarse. Diez años después, cuando regresaba el héroe de la legendaria contienda, su esposa yacía desde hacía tiempo en su lecho con su amante Egisto. Ambos planearon el asesinato de Agamenón es su propia casa. Derramada la sangre, los hijos de los señores de Micenas fueron apartados de la casa paterna. Orestes fue desterrado siendo un niño y Electra se unió en matrimonio, forzada, con un pobre labrador. Los hijos prometieron vengarse, restaurando el honor de su padre.

Estos son los acontecimientos previos, pero en ElectraEurípides sitúa la acción cuando Orestes, ya crecido y acompañado por su amigo Pílades, regresa a Micenas. Primero se encuentran los hermanos, después dan muerte a Egisto y, finalmente, a la propia madre. Aquí se revela con toda su hondura la tragedia que supone el círculo envenenado de la venganza: no pueden olvidar el ultraje a su padre, pero al hacerle justicia se convierten en matricidas. En todo momento sobresale la figura de Orestes, un personaje humano que duda de su misión, y a veces parece tan sólo un cobarde. Al final, los Dioscuros (dioses hermanos de Clitemnestra Helena) intervienen para detener el río de sangre, aunque las Erinis reclaman el alma del chico.

Entre las lecciones que arroja Electra encontramos que Eurípides discute el concepto tradicional de nobleza. El labrador demuestra ser una persona más honrada que muchos nobles. La nobleza, pues, no es algo que se transmita por la sangre, sino una cualidad manifestada a través del comportamiento. Y Electra comprende que su marido es en verdad noble, pues no hace uso de su derecho matrimonial al considerarse indigno de ese beneficio:

«La riqueza no vale nada si no es por el breve tiempo que se está con ella. Lo firme es la naturaleza, no la riqueza. La primera siempre permanece y acaba con la desgracia, en cambio la riqueza que acompaña al injusto y al torpe acaba volando de su casa tras florecer por breve tiempo»[1].

El dilema moral que plantea finalmente Eurípides con este crimen familiar, de personajes realistas con motivaciones comprensibles, temerosos de los dioses, pero a la vez alentados por éstos, es la esencia de la tragedia griega. Y es que ¡cuánto se puede aprender de los sabios de la Antigüedad! 




FICHA
Título: Electra
Autor: Eurípides
Editorial: Editorial Gredos
Otros: Madrid, 2011, 112 páginas
Precio: 12 €


[1] Electra, 939-944.

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