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miércoles, 27 de enero de 2016

Romeo y Julieta de William Shakespeare

En los estertores del siglo XVI William Shakespeare estrenó la que sería su obra más conocida, Romeo y Julieta. En lo sucesivo, esta magnífica tragedia gozaría de un éxito rotundo. En nuestros días el prestigio se mantiene, pero a costa de un desconocimiento profundo de la obra y de un cierto prejuicio hacia lo romántico, que tiende a ser infravalorado. Justo cuando el mundo se ha precipitado sin remedio en la era del mestizaje, cuando confunde, quizá deliberadamente, deseo con amor, y cuando no quiere oír de valores perdurables o de personas a las cuales seguir hasta la muerte. En fin, aunque la historia de estos dos amantes, como dice el príncipe de Verona, es ciertamente triste, creo poder decir algunas palabras amables.

domingo, 3 de enero de 2016

Otelo de William Shakespeare

Otelo es una de las más grandes tragedias de William Shakespeare. Llamada durante mucho tiempo El Moro de Venecia, se escribió a inicios del siglo XVII (entre 1602 y 1603) y, desde entonces, ya sorprendió por su impresionante retórica y su capacidad para sumergir al lector —en aquellos días más bien espectador—, en abisales honduras. Infinitas veces llevada al teatro y al cine, y no por eso conocida por el público, la cultura de tipo Trivial sigue considerando a día de hoy —pues no alcanza mayores cotas— que el drama de esta tragedia se resume en los celos, y que Otelo es el protagonista indiscutible de esta historia. Sin embargo, Iago es con mucho el personaje de mayor relieve, y su maldad inexplicable y su traición alevosa, los grandes motivos de la obra.


domingo, 15 de noviembre de 2015

Las Euménides de Esquilo: Tercera parte de la Orestea

No es fácil explicar el arco que comprende la conversión de las implacables Erinis en benévolas Euménides. En la tercera y última parte de la Orestea, Esquilo rompe la cadena de maldición y muertes de la casa de los Atridas con un voto de gracia de la diosa Atenea. La justicia humana sin embargo, y esto es lo impresionante, representada por el jurado de ciudadanos atenienses, es incapaz de resolver si tiene razón Orestes o las Erinis, y en consecuencia empatan a votos. La respuesta ofrecida por Esquilo para explicar la injusticia y el mal introducido en el mundo, y cómo deben ser restituidos dentro de un orden que se haga respetar verdaderamente, es que se trata de un misterio que desborda por todos lados al hombre, pero que no queda más opción que delegar en una autoridad humana este tipo de decisiones si no queremos que cada uno sea juez y parte de sus propios intereses.

Las Coéforas de Esquilo: Segunda parte de la Orestea

Con el rey Agamenón recién inhumado, esclavas troyanas se acercan por encargo de la reina a verter libaciones (coéforas) sobre su tumba. El lamento de éstas es vigilado por dos hombres, Orestes y Pílades, que vuelven de Delfos con un objetivo inspirado por Apolo: vengar la muerte del padre del primero de los jóvenes. Cualquiera diría que los dioses velan por que exista cierta justicia. Pero como advertirá Esquilo en esta tragedia, segunda de la Orestea, no parece que nadie pueda aplicarla imparcialmente y de forma completa.

Agamenón de Esquilo: Primera parte de la Orestea

La Orestea u Orestíada es la única trilogía completa que ha sobrevivido hasta nuestros días del genial Esquilo. Y de las ochenta obras que se conocen del más arcaico de los poetas trágicos, siete solamente se conservan. Agamenón es precisamente la primera parte de la trilogía que tiene a Orestes, hijo de Agamenón y Clitemnestra, por eje de la misma. En ella, el héroe cuyo nombre da título al libro, regresa a casa, después de una década de fatigas frente a las murallas de Ilío. Pero lo que le aguarda al comandante en jefe de las fuerzas aqueas no es un recibimiento amable, al contrario de lo que le sucede a Ulises en su vuelta al hogar, sino un acto sangriento más de la interminable maldición que pesa sobre la casa de los Atridas. La tragedia arranca por tanto con la interrogación mayúscula que supone el poder contagioso del mal y la necesidad humana de reparar toda injusticia.

jueves, 27 de agosto de 2015

Las Suplicantes de Esquilo

Las Suplicantes es la menos trágica de todas las tragedias de Esquilo. Pero sería una ilusión pensar que los sufrimientos no forman parte de este relato. En primer lugar porque una guerra ensombrece el horizonte de Argos, que ha dado cobijo a las 50 hijas de Dánao. Este mal, que es el mayor de todos lo que aquí se tratan, queda no obstante vaticinado y pendiente de resolución; pero cuesta poco estremecerse ante los tambores de la guerra. Y en segundo lugar porque las suplicantes representan la figura del refugiado. Todas esas personas que buscan acogida fuera de su país con motivo de una catástrofe o una guerra. Y este no es un drama pequeño. La desesperación de estas gentes queda aquí inmortalizada por Esquilo como un grito que nunca cesa. Desgraciadamente, hasta de los refugiados han hecho las logias una tapadera para introducir el islam en Europa.

viernes, 31 de julio de 2015

Los siete contra Tebas de Esquilo

Frente a la versión de Antígona de Sófocles, más centrada en el dilema creado en torno a la obediencia a las leyes de los hombres o a la de los dioses, al Estado o a Zeus en definitiva, en Los siete contra Tebas lo que constituye el drama es la propia guerra. El viejo Esquilo no explota por tanto el conflicto que enfrenta a Antígona e Ismene con el resto del pueblo por la sepultura de sus hermanos Eteocles y Polinices. Prefiere mostrar los horrores de la guerra, paradójicamente describiéndola con belleza indescriptible, y la maldición y el fatalismo que acompaña a algunos hombres.


domingo, 24 de agosto de 2014

Prometeo encadenado de Esquilo. El mito sobre el desgarro entre el apego a la materia y la llamada del espíritu

Aparte de la maldición de la casa de Atreo, tratada por Esquilo en La Orestíada, su tragedia más enjundiosa es Prometeo encadenado. Relata el conocido mito del titán Prometeo que, tras robar el fuego de los dioses y entregárselo a los humanos, es condenado por Zeus a un suplicio espeluznante. Después de encadenarlo de por vida, el padre de los dioses envía un águila para que devore el hígado del titán diariamente. 


El mito de Prometeo es interpretado en esta antigua tragedia por el más primitivo de los dramaturgos clásicos del que poseemos alguna obra, Esquilo. En realidad, Prometeo encadenado formaba parte de una trilogía, pero las otras dos obras (Prometeo liberado y Prometeo portador del fuego) se han perdido.


En el comienzo de la tragedia, la Fuerza y la Violencia personificadas conducen al titán encadenado, seguidas por Hefesto, el dios del fuego y de la forja, hasta una región montañosa e indómita donde, según la voluntad de Zeus, ha de ser sujetado por tiempo indefinido. La obra, en buena medida, es un monólogo del protagonista, que considera injusta su condena y presume de ser el salvador del género humano: «Yo fui el atrevido que libró a los mortales de ser aniquilados y bajar al Hades». 


De entrada, Prometeo encarna el espíritu de rebeldía. Y por eso representa a Lucifer, el ángel caído. Uno y otro pretenden la desgracia del hombre, aunque prediquen lo contrario. Uno les da el fuego con el que dominar la materia y el medio ambiente, haciéndoles sentir autosuficientes; el otro les invita a elegir falsamente y a vivir como si fueran dioses. El erudito Paul Diel, en El simbolismo en la mitología griega, destaca las consecuencias y los paralelismos.


Por un lado, “la analogía entre el sentido del mito de Prometeo y el sentido del Génesis es tan completa, que en ambos mitos, la caída simbolizada en un caso por el robo del fuego y en el otro por la manzana prohibida, el castigo correspondiente y purificador que padecen todas las criaturas de Prometeo y todos los descendientes de Adán es casi idéntico: el espíritu envía el castigo a los mortales pervertidos en forma de una lluvia que extermina toda vida y que por su virtud purificadora, limpia la tierra y la fecunda nuevamente. (El agua, símbolo de la purificación, apaga el fuego robado, la exaltación imaginativa que, al no estar controlada ni domesticada, amenaza destruir la tierra entera.)” Por otro lado, señala Diel que los hombres, “guiados por la vanidad del intelecto en estado de rebeldía (...) se creen parecidos a los dioses; y olvidándose del espíritu, se trivializan. En la medida en que la luz del espíritu y el calor del alma se apaguen, nada quedará sino el afán trivial de querer beneficiarse en la tierra de los bienes materiales. Por otra parte,  la actividad ingeniosa del intelecto se revela como insuficientemente previsora cuando el espíritu ya no la guía. El intelecto retrógrado, junto con la manipulación insensata de los deseos, conduce hacia la exaltación imaginativa y su ceguera afectiva. La perversión de los sentimientos que de ello resulta empujará a los hombres a discutir entre sí sobre los bienes materiales, y hará que reine la destrucción, en vez de la comodidad buscada”.


Dejando ya de lado las pasadas honduras, la causa de la condena de Prometeo es la soberbia, como le recuerda cada uno de los personajes que ante él desfilan, lamentándose de su desdicha. La soberbia, o también orgullo inmoderado conocido por los contemporáneos de Esquilo como hybris, es el mayor pecado que puede cometerse. El propio Océano, tan viejo como él, se lo recuerda: «penas de esa clase suelen ser el fruto de una lengua en exceso altanera. Nunca, hasta la fecha, has sido humilde»... Prometeo. 


Por el mito sabemos que Heracles, un humano divinizado, libera finalmente a Prometeo y mata al águila que le roe las entrañas todos los días. Lo cual indica que el espíritu de rebeldía ha desaparecido y que han irrumpido en la conciencia del titán los remordimientos y la lucidez; viendo con claridad que la negación de los propios límites y el envanecimiento son actitudes propias de necios, y los necios se ganan a pulso el desprecio de los dioses y su propia ruina.



viernes, 15 de agosto de 2014

Antígona de Sófocles

Antígona, hija de Edipo y Yocasta, es objeto de atención de Sófocles en una de sus grandes tragedias. Fruto de la unión incestuosa de sus progenitores, la joven Antígona quedará señalada de por vida, y su destino no será más benevolente con ella que el de sus padres. Sin embargo, la herencia recibida no la convierte necesariamente en un ser despreciable; en su caso, Antígona dará una lección moral a cuantos la rodean, defendiendo la legitimidad de enterrar a un hermano pese a la oposición del Estado. Por eso Antígona es sobre todo la tragedia de una mujer que lucha contra viento y marea para que sigan rigiendo las leyes de los dioses, con la seguridad de estar haciendo lo correcto.

domingo, 26 de enero de 2014

Fausto de Goethe

Fausto es la gran obra del romántico alemán Johann Wolfgang von Goethe (Frankfurt, 1749-Weimar, 1832). Hoy es considerado justamente un clásico literario, a dos siglos vista de la aparición de su primera edición, pero estando en cambio muy por encima de la intelegibilidad que el lector actual tolera en sus lecturas. Realmente Fausto no es una obra pensada para entretener a las masas; en el ánimo del autor estaba el pensamiento de realizar una gran obra, una gran tragedia que planteara a través de la ficción el interrogante del sentido último de nuestros actos. Para penetrar en semejantes inquietudes humanas, Goethe fabricó el pacto con el diablo más célebre de las letras universales. 

martes, 1 de mayo de 2012

El Sunset Limited de Cormac McCarthy

El Sunset Limited (2006) es una obrita de teatro compuesta por Cormac McCarthy, que no sólo es capaz de crear grandes obras narrativas como La Carretera. Esta dramatización se presenta en forma de diálogo entre un hombre blanco y un hombre negro en casa de este último, dos extraños que se han conocido minutos antes y de manera fortuita en el metro de Nueva York y que mantienen una conversación en la que está en juego la vida de uno de ellos. La felicidad, el silencio de Dios y la desesperanza de nuestro mundo recorren las páginas del tenso relato hasta el sorprendente y duro final.

Tito Andrónico de William Shakespeare


Tito Andrónico es la primera tragedia escrita por William Shakespeare, por lo que estamos hablando de una obra de juventud. No interesa aquí el polémico debate académico sobre la autoría de los textos del genio inglés. Quien lo desee puede ver la cinta de Roland Emmerich, Anonymous y disfrutar de una teoría tan alejada de la realidad como provocadora sobre el autor. O introducirse en algunos de los cientos de ensayos o apartados críticos de las ediciones de Shakespeare para conocer la discusión. En cualquiera de los casos, Tito Andrónico es una tragedia de sangre profundamente marcada por la influencia de Séneca y basada en el relato de Filomela de las Metamorfosis de Ovidio. Enormemente desconocida por el público, y sin embargo, brillante.

jueves, 15 de marzo de 2012

Coriolano de William Shakespeare

Coriolano es una obra deliciosa. Impresa por primera vez en 1623, el genio inglés William Shakespeare la compondría alrededor de 1608-1609. Forma parte de las llamadas Obras Romanas, entre las que destacan algunas de las tragedias más conocidas del dramaturgo como Julio César y Antonio y Cleopatra. Por su actualidad política y su impronta moral, Coriolano no tiene desperdicio. Su héroe, Cayo Marcio (Coriolano), es de una personalidad enorme. Pero su fondo político, tan sabiamente expuesto como profundamente complejo, indica la viva riqueza de esta joya compuesta por una de las mentes más fascinantes de la literatura universal.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Hamlet de William Shakespeare

William Shakespeare nace en 1564, en una Inglaterra desconocida en el extranjero, empobrecida, y sin luces en el campo cultural destacables, pero que verá, en los reinados de Isabel I y sobre todo Jacobo I, el crecimiento de su nación hasta convertirse en potencia mundial. La vida del personaje no es menos fascinante que sus obras, aunque la misma todavía presente muchos puntos oscuros. Hamlet, la obra que comentamos, es uno de sus dramas más importantes, y a través de ella se puede admirar la genialidad de un hombre forjado tanto por los conocimientos de la antigüedad clásica como por la religión cristiana.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Electra de Eurípides

Siglo V a. C. En la época de mayor esplendor político y artístico de Atenas, Eurípides, uno de los tres genios del teatro clásico junto a Esquilo Sófocles, recuperó en Electra —la tragedia que comentamos— un tema ya abordado por los otros dos gigantes: la venganza de los hijos de Agamenón, asesinado por su esposa Clitemnestra, y el amante de ésta, Egisto. Aquí Eurípides dedica un volumen único al tema, y no lo incluye en una trilogía como la Orestíada de Esquilo. Destacan en Electra el realismo psicológico de los hermanos protagonistas y un apasionante drama familiar.

viernes, 21 de enero de 2011

Fuente Ovejuna de Lope de Vega


Lope de Vega es uno de los escritores más geniales y prolíficos de la literatura universal. Su descomunal capacidad de trabajo y su sensibilidad poética fueron poderosas razones para llamarle «Fénix de los ingenios». En su día, el público abarrotaba los corrales de comedias para contemplar las innumerables obras que estrenaba el escritor más popular y querido de su tiempo y uno de los máximos exponentes del Siglo de Oro español. Lope de Vega nació en Madrid en 1562 y desarrolló su vida literaria fundamentalmente bajo la monarquía de los Austrias menores, Felipe III y Felipe IV. A pesar de que España vivía sus peores horas como Imperio, y entraba en una profunda decadencia, paradójicamente, a nivel cultural las calles de Madrid reunieron a un conjunto de figuras como no ha habido otro desde entonces. Por ellas paseaban Cervantes, Quevedo, Góngora, Calderón de la barca, Tirso de Molina o el propio Lope de VegaFuente Ovejuna, la tragedia que presentamos, a pesar de ser de menor calidad estilística y poética que otras del mismo autor, posee una dimensión política irrenunciable en los días que corren.