jueves, 3 de enero de 2013

La Ilíada de Homero


La Ilíada es una cumbre universal de la literatura. La tragedia más grande jamás contada. Pero después de haberla leído y disfrutado tres veces, ya no me planteo hacer un resumen de cada canto, como por otra parte ya se ha hecho muchas veces. Algo además demasiado sencillo e intrascendente, pues si deseo recordar el argumento de un determinado canto, lo más prudente es leerlo de nuevo; porque resumir la poesía es en el fondo falsificar su contenido, o al menos degradarlo. Y como hacer un comentario a la altura de esta obra es impensable, considero un propósito suficientemente noble ordenar mis anotaciones y darles valor a través de algunas conclusiones. Con esta excelsa cresta literaria inauguro un 2013 que si Dios quiere traerá los comentarios de algunas de las mejores obras de la literatura.

Consideración previa: ¿Estrictamente qué cuenta la Ilíada?

     La Ilíada narra un episodio de la Guerra de Troya, en el décimo y último año de la guerra. Se cuenta la cólera del héroe Aquiles, y cómo su enojo influyó en el devenir de la contienda, cerrándose la obra con el funeral de Héctor. Ni se explica el origen de esta mítica guerra (se acusa a Paris de ser el responsable) ni se desvela el final. Y esto seguramente se explica porque para Homero el marco épico en el que sitúa su epopeya es lo de menos. Lo que le preocupaba, por encima de todo, al autor de esta obra maestra de la antigüedad era la condición humana.

     Pero la Ilíada es un relato de héroes y también de dioses. Dioses que, por otra parte, dificultan mucho la existencia de los hombres. Por eso son demasiado importantes; por eso hay que preguntarse, en primer lugar, por cómo son los olímpicos. 

Los dioses en la Ilíada

  • En realidad, en el origen de la Guerra de Troya están detrás los dioses griegos. El juicio de Paris sobre la belleza de las tres diosas (AfroditaHera Atenea) es decisivo para que se desencadenen los acontecimientos.
  • Marcado contraste entre la existencia divina y la humana. Mientras los dioses son generalmente felices y llevan una vida despreocupada, el hombre sufre y muere. 
  • Los olímpicos son imperfectos. A pesar de lo anterior, los dioses griegos no son perfectos ni plenamente dichosos; ni mucho menos invulnerables. Ni siquiera Zeus es siempre dueño de su destino.
  • Estos reúnen multitud de pecados o defectos. Habitualmente son amorales, irracionales, esclavos de sus pasiones, vanidosos, frívolos, caprichosos, vengativos y rencorosos, crueles, apegados a favoritismos, e injustos. Y como es lógico no puede haber Dios auténtico si no es justo.
  • La libertad humana está condicionada por los dioses. Yo he de confesar que no encuentro en la Ilíada auténtico libre albedrío en los humanos. Los olímpicos no siempre respaldan las decisiones humanas e intervienen constantemente. Provocan y evitan, en la medida de sus posibilidades, acontecimientos que tendrían otro signo si ellos no hubieran participado. En consecuencia, los hombres, al estar huérfanos de trascendencia, no son en absoluto libres, porque el resultado de sus decisiones y acciones les conducirá igualmente a la muerte. Hasta el mundo cristiano no hay verdadera libertad. Esta es la razón fundamental de que la Ilíada sea una gran tragedia. Sin trascendencia, sin esperanza, el hombre se hunde al final de sus días en las profundidades del Averno, pasando a ser una sombra errante sin memoria. Por eso Paris rechaza su responsabilidad en el rapto de Helena y se justifica diciendo que un dios lo forzó, al margen de su voluntad, a amar a esa mujer. (Canto III, 64-66).
  • La concepción de la religión en la Ilíada es primitiva. Sus dioses no tienen vocación universal, son sectarios, aborrecen a todos aquellos que no son fieles suyos.
  • Y sin embargo, por si los humanos no tuvieran bastante soportando a estos dioses, deben reconocer que sus dones son concedidos por ellos. Un principio universal asombroso que rebaja el orgullo humano. «Si grande es tu fuerza, es porque un dios te la ha otorgado».
  • La relación entre dioses y humanos es interesada. Unos parecen divertirse con criaturas inferiores que sólo servirían para aumentar la vanidad de estos a través de sacrificios y alabanzas; y los otros se dirigen a los dioses para pedir favores o rogarles una vida tranquila al margen de las discordias divinas. Este punto es para reflexionar a fondo.

Las costumbres en la Ilíada

     Más allá de la presencia divina en la Ilíada, otras cuestiones llaman la atención de este mundo épico y fascinante. Por ejemplo las costumbres y creencias del mundo griego antiguo. Un mundo además de despiadado, regido todavía por el valor de las buenas costumbres.

  • Mundo hospitalario. La hospitalidad es sagrada. ¡Y esto es común a todas las civilizaciones pasadas! En el Nuevo Testamento se habla de que algunos acogieron en sus casas, sin saberlo, incluso a ángeles.
  • Respeto profundo por los ancianos y los difuntos. Los ancianos son personas que merecen atención y respeto, como figuras ejemplares y por lo que pueden aportar a los suyos y a la comunidad. Por otra parte, el respeto a los difuntos es admirable; cada muerte en la Ilíada se trata como un homenaje al fallecido.
  • La riqueza corrompe y relaja. Los troyanos son ostentosos y por eso mismo inferiores militarmente. 
  • Defensa de la propiedad privada como un derecho fundamental y sagrado y del orden social establecido. Esto vuelve a subrayarlo sin ir más lejos la Biblia en el último de los mandamientos de la ley de Moisés. Néstor, reprende así a Agamenón y Aquiles enfrentados por la esclava Briseida:
«Ni tú, aun siendo valeroso, quites a éste la muchacha; déjasela, pues se la dieron como botín los hijos de los aqueos, ni tú, oh Pelida, pretendas disputar con el rey frente a frente, pues siempre ha obtenido honor muy distinto el rey portador del cetro, a quien Zeus otorgó la gloria. Y si tú eres más fuerte y la madre que te alumbró es una diosa, sin embargo él es superior, porque reina sobre un número mayor».

 La guerra 

  En ese mundo mítico escalofriado por la guerra, ésta sin embargo es descrita con entusiasmo memorable, como un trágico y bello evento humano. En esta infantil y débil sociedad del bienestar causa espanto su sola mención pero se desayuna, come y cena con muertos en la mesa con la indiferencia de un psicópata puro, o se ven programas de televisión donde las personas se desuellan verbalmente con malsano placer en el cuerpo porque a otros les van mal las cosas. La guerra es un espectáculo terrible y bello, horrible y admirable, que a todos implica y a todos lleva al límite, a las mayores gestas humanas posibles dentro de un marco grandioso de sacrificios, derrotas y grandes victorias. La guerra es un esfuerzo desesperado por la unidad, pero separando violentamente.

     La tragedia, y a la vez el canto más bello que resume la Ilíada, se da en el enfrentamiento decisivo entre Aquiles y Héctor, una pareja irrepetible y extraordinaria. Los dos se juegan todo en el envite. Y yo diría que Héctor algo más. Pero en ese enfrentamiento se resume el drama de una vida. Aquiles sabe de antemano que si decide regresar a la batalla sus días serán muy cortos, y que probablemente perezca en la misma guerra; sin embargo, asume su deber y se pone al frente de las fuerzas aqueas para vengar la muerte de su amigo Patroclo. Aquiles asume el desafío y se juega su propia vida y la gloria que alcanzó como el mejor guerrero conocido. Si pierde, además, las tropas griegas estarán perdidas con la muerte de su mejor guerrero. Héctor también se juega su vida, porque el duelo sólo puede acabar con un soldado en pie; pero soporta en sus espaldas algo más. Héctor sabe que si él cae, con él caerán las murallas de Troya, y la sangre de sus seres queridos regará las calles de la fortaleza. En los instantes previos al duelo pensaría en su cobarde hermano Paris, en su hermosa e inocente cuñada Helena, en sus adorables padres (Príamo y Hécuba), y sobre todo en su fiel esposa Andrómaca y su pequeño hijo. Conoce el destino de todos aquellos que ama si al final acaba mordiendo el polvo que remueven sus bien sujetas sandalias. Pues a pesar de todo, ambos guerreros, que tiemblan ante la presencia de su rival, deciden asombrar a los dioses y cruzar lanzas y espadas para conocer quién de los dos es el favorito de los dioses. Los romanos llamaban a ese momento de tensión insoportable Discrimen, un instante en el que los afanes de una vida pendían de un delicado hilo.

     No conozco un caso igual en la literatura que haya puesto de manifiesto de manera tan magistral ese momento de tensión insoportable.

  • La guerra de Troya transcurre según un plan divino. Los dioses, reunidos en asamblea, escuchan las palabras del Cronión: «Deliberemos nosotros sobre cómo han de acabar estos hechos: si de nuevo el maligno combate y la atroz contienda suscitamos o si promovemos amistad entre ambos bandos».
  • Las mujeres no tienen apenas voz en este mundo dominado por la fuerza. No puede ser de otra manera: la naturaleza las ha hecho inferiores físicamente. En consecuencia, siempre son víctimas de la guerra.
  • En la guerra todos los bandos pierden, demuestra Homero. Muchas son las víctimas, muchos son los inocentes que pierden su vida. En esta sublime obra, borracha de poesía y significado, se profundiza como nunca se ha hecho en las emociones de los hombres en medio de la guerra, varios de sus personajes son obras maestras en sí mismos.
  • La Ilíada es un poema épico de honda preocupación por lo humano. 


La Ilíada: La condición humana y un canto al amor conyugal y a la compasión entre los hombres. 

     La Ilíada es un formidable fresco de los vínculos humanos. Es un mito de contenido moral, un aria al amor conyugal, a los lazos familiares, al compañerismo, al sentido del deber... una asombrosa e intensa exploración de los sentimientos humanos. Nuevamente reconozco en todo ello un esfuerzo enorme de unidad.

  • El estilo es tan excelso que no se comprende sin la participación de alguna musa en su redacción. Debería entenderse la hipérbole porque no soy nada pagano.
  • Pero la riqueza formal no ensombrece el contenido, al contrario, lo enaltece. Y su contenido es en el fondo una gran oración por el sufrimiento humano y la muerte que unen a todos los hombres y los convierten en iguales.
  • Porque lo humano encierra lo trágico, la muerte, sin solución para el mundo clásico, que aún no conoce al que habrá de derrotarla. Para eso habrá que esperar al nuevo mundo cristiano y a la llegada de Cristo.
  • Y si la tragedia es inevitable para el hombre de la antigüedad anterior a la llegada del mesías, al menos la Ilíada realiza el canto más hermoso de todos por el sufrimiento humano y concluye con el final más épico y conmovedor de la literatura universal: Aquiles abrazado a Príamo, como dos seres que se reconocen perdedores en una guerra que nadie ganará, y cediendo el cuerpo de su hijo Héctor para que se celebren sus sagrados funerales. 


     El soberbio y colérico guerrero griego que abre la tragedia más grande jamás contada, cierra la obra maestra conmovido profundamente ante el llanto del rey de Troya que acude a su tienda, solo y en plena noche, a suplicarle por el cuerpo de su hijo que horas antes ha perdido la vida a manos del hombre que tiene delante. El cuadro no puede ser más humilde y épico. La compasión termina arrollando a Aquiles que con buen juicio ha reconocido durante la guerra que esa vida en la que el hombre es sostenido por dioses de mentira es una vida vacía. «Lo que los dioses han hilado para los míseros mortales es vivir entre congojas, mientras ellos están exentos de cuitas» (Canto XXIV, 525-526).

     Sin embargo, no se engaña Homero sobre la naturaleza humana. Después de los gestos humildes y la compasión, la batalla se reanuda y la obra cierra con los hombres volviéndose a enfrentar entre ellos. Si Dios es justo y compasivo, ¿qué deberá sentir por criaturas tan débiles y miserables, que pasan los días matándose y envidiándose en vez de amándose?

     ¡Cómo saberlo! Al final, esta cumbre de la literatura tiene tantas aristas y es tan sutil y profunda que pasaría toda la vida estudiándola y aprendiendo de ella. 


4 comentarios:

  1. Y lo mejor de todo es que es una obra gratuita que se puede descargar libremente sin derechos de autor...

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    1. Lo siento pero no estoy de acuerdo. Por 12 o 15 euros tienes una edición de La Ilíada más que aceptable. Tienes en el mercado ediciones hechas por especialistas tanto en Gredos, Akal, Cátedra, Alianza Editorial o Espasa-Calpe.

      Descargar el texto de cualquier sitio, en mi opinión, es privarse de la riqueza que te ofrece una edición especializada. La edición de cualquier clásico es fundamental, y no te digo nada de la traducción.

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    2. Es cierto. Una mala traducción de un clásico puede hacer hasta que le cojas manía.

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  2. El inicio de la guerra se resume en Zeus cuando este va a a consultar su destino con la madre de las Moiras y ahi en la parde de bronce esta escrito su destino en la pared de bronce, si el llegara a tener un hijo con tetis este haria que el fuera desplazado y de ahi nacio todo.

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