Nadie en su sano juicio abraza ya en los tiempos convulsos que corren el catolicismo vaticano, aunque la verdad siga de parte de la Iglesia Católica y Jesucristo no haya dejado de ser el único Dios verdadero. La razón es bien simple: el ser fatuo que figura como sumo pontífice romano, que con la frescura que sólo puede poseer un hereje acaba de cambiar la doctrina católica tradicional sobre la pena de muerte.
