Cuando El Cuervo apareció en 1981 causó en el mundo del cómic una tremenda conmoción. La historia, y sobre todo su estética, fascinaron a miles de lectores sorprendidos, y no es para menos, con esta tragedia romántica de ambientación tenebrista. La adaptación cinematográfica elevó más tarde a la categoría de mito el relato de James O'Barr, rodeando a este cuento gótico de un halo de misterio tras la muerte de Brandon Lee que ya sería para El Cuervo como una segunda piel. Aunque a mi juicio la sensibilidad de esta época está muy alejada de la estética y la historia que propone esta fantasía melancólica, éste es sin embargo, por su arrebatadora fuerza expresionista, un clásico forjado a sí mismo que no necesita el culto de una masa entregada a otros placeres más prosaicos o a lecturas mucho menos comprometidas.
