lunes, 14 de enero de 2019

El cuento del cortador de bambú

El cuento del cortador de bambú es, ni más ni menos, la obra de ficción más antigua escrita en japonés. La maravillosa narración, de autor desconocido, constituye una fantástica historia de aventuras que fascinó a las damas y a los nobles de la corte imperial japonesa del siglo IX, y que en absoluto está lejos de nuestra sensibilidad occidental. Su influjo posterior se detecta, sin ir más lejos, en la literatura del período Heian (broche de oro de la literatura clásica mundial) e incluso en la narración cumbre de las letras japonesas, El cuento de Genji. En fin, todo amante de las letras del país del sol naciente debería comenzar por esta preciosa historia preñada de leyendas y mitologías antiguas, que se remonta a los albores de la literatura japonesa.

En resumen, este clásico de las letras niponas tiene como protagonista a la Princesa de la Luna, Kaguyahime, una criatura hallada por un viejo cortador de bambú entre las cañas de esta planta leñosa originaria de la India. A pesar de sus reducidas dimensiones, apenas unos centímetros, la dulce criatura acabará convirtiéndose en la mujer más bella del mundo. Naturalmente, el hecho de que Kaguyahime posea semejante don contribuirá a que todos los nobles, e incluso el propio emperador, intenten ganar su corazón. 


El cuento en sí posee sólo diez capítulos. Los dos primeros explican cómo nace Kaguyahime y cómo se convierte en foco de atención de muchos hombres. Los dos últimos muestran el destino irrevocable de la Princesa de la Luna. El resto, desde el capítulo tercero hasta el séptimo, narra la suerte que corren los pretendientes de la princesa. De esta manera, la historia se divide en dos conjuntos de capítulos: podríamos catalogar el primero como modelo de cuento de princesa o doncella; y el segundo como de aventuras arriesgadas a causa de una proposición de matrimonio.

Después de todo, quisiera hacer dos breves menciones en relación con los dos temas que más me han atraído del cuento. Por un lado, me parece especialmente interesante la tensión que sufre la princesa, dividida entre los atractivos de este mundo y los encantos superiores del que procede. No en vano, Kaguyahime es un ser sobrenatural al que le cuesta adaptarse a los sentimientos humanos. Por otro lado, el valor del hombre según ésta no radica en su posición social ni en su riqueza, sino enteramente en la sinceridad de su corazón. Valor este último fuertemente arraigado en la conciencia tradicional japonesa, y aun en los corazones nobles de los hombres y mujeres de todo tiempo y lugar.


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