Llevaba tiempo sin leer novela actual, y más tiempo aún sin leer esa clase de ficción sacada de los hornos Nueva Era, con su correspondiente adobo de gnosticismo y ocultismo y su admiración por paganismos orientales y de todo tipo. Con Dolmen hice una excepción porque estoy viajando por la península ibérica tras las huellas del hombre prehispánico. Y es que a mi modo de ver el mayor atractivo de esta novela de suspense es la presentación que hace de la cultura megalítica peninsular (centrada principalmente en Andalucía), tan desconocida como sorprendente.
