Cuando estalló en España la guerra civil del 36, se encontraba por estos lares una peculiar australiana, Eleonora Tennat, una mujer aventurera, altruista y excéntrica que legó sus impresiones de España y de la terrible contienda. En seguida esas experiencias personales aparecieron en forma de libro en Inglaterra. Gracias a esta mujer, y a otras personas de bien como Félix Schlayer (observadores imparciales ambos y ajenos a la génesis de la violencia), empezaron a ser conocidas en el extranjero las fechorías de las izquierdas españolas, su sádica sed de sangre y su eterno vicio de sembrar cizaña.
