Si
me preguntasen a bote pronto cuál es para mí el mejor libro del siglo pasado,
diría que la obra de ficción más importante del siglo XX es El Señor de los
Anillos. Así lo consideran con razón millones de lectores, su influencia en la
literatura moderna es innegable y ha sido objeto de multitud de estudios e
incluso tesis doctorales. No cabe duda de que la gran aventura épica de Tolkien
(1892, Bloemfontein—1973, Bournemouth), desconocida por el gran público hasta
hace pocas décadas, recibió un impulso decisivo con la adaptación
cinematográfica de Peter Jackson. Pero El Señor de los Anillos, relegada al
olvido o rescatada de éste, es una mina de riqueza inagotable y de hondas raíces
religiosas con un decisivo mensaje; de tal modo que su sentido trasciende las
intenciones del autor y hace de la obra maestra de Tolkien una historia
providencial insuperable en su género.
