La Historia, que como dijeran los antiguos es maestra de la vida, enseña preciosas lecciones y contribuye con su ilustración a evitar desastres futuros. Desgraciadamente, estas y otras lecciones a menudo suelen caer en saco roto. Por desidia de los interesados y por malicia de los gobernantes, que precisamente en estos tiempos peligrosos y de envilecimiento extendido, procuran ciudadanos sumisos y enfrentados entre sí.
En concreto, el pueblo español es hoy un ejemplo significativo. No se recuerda un tiempo reciente o remoto de la historia de España en el que los españoles hayan sido tan incultos en cualquiera de las ramas del saber, tan ingratos con los bienes que han recibido de su patria y de sus antepasados, y tan gallinas y desmemoriados.
Pero todo tiene arreglo en esta vida menos la muerte. Para revertir esta situación tan lamentable es necesario de entrada que los españoles sean instruidos por los verdaderos maestros. De lo contrario, serán como una presa indefensa, y apoyarán causas inútiles, contraproducentes y aun perversas, perjudicándose a sí mismos y a los demás. Pues bien, para iniciar con el pie derecho la tarea de conocer su propia historia, me atrevo a recomendar a los españoles el primer libro por el que deberían profesar una extraordinaria preferencia: La Historia de España contada con sencillez.
