Hazme un favor, amiguete. No veas la tele. Coge un
buen libro y léetelo. Es posible que ni tus padres ni tus abuelos recuerden a
estas alturas ningún cuento con el que hacerte vibrar y sonreír. Seguramente
unos y otros están demasiado ocupados con su trabajo, o pendientes del fútbol,
los toros y los programas del corazón. Y tú ni siquiera eres consciente de las
aventuras que te están esperando en los libros. ¿Quieres conocer algunas? Ve a
un sitio tranquilo y comienza a leer.
