Como en tantas otras ocasiones, el comentario que aquí se haga de una película será completamente personal y alejado, en la medida de mis posibilidades, de la crítica habitual que pueda encontrarse en la prensa. En este caso, con la película
El Francotirador de
Clint Eastwood, iré aún más allá y destacaré únicamente las reflexiones que me ha suscitado la cinta, sin entrar esta vez en cuál ha sido el mensaje del autor de la misma pero sin ignorar que Hollywood (y cuando digo Hollywood me refiero al cine que se hace en USA tanto en Los Ángeles como en Nueva York) es un fiel aliado del Pentágono y por ello un importante instrumento de propaganda al servicio de los "intereses nacionales", representados para esta gran nación por su ostentoso poder militar. Yo, en cambio, reduciré en esta ocasión la escala y plantearé únicamente algunas observaciones relacionadas con la dimensión humana de la película, y en concreto con el drama de su protagonista.