Las Confesiones de San Agustín, o Agustín de Hipona, inauguraron sin lugar a dudas el género de la introspección espiritual, mostrando al lector curioso lo más íntimo de la evolución de un alma. En este sentido, el escrito más íntimo de San Agustín supera en mucho las memorias de personajes que le antecedieron, como Jenofonte o Julio César, así como al emperador Marco Aurelio, que en sus Meditaciones abrió solo parcialmente su propio espíritu.
