Las personas que saben de esto consideran,
con acierto en esta ocasión según mi parecer, que La Regenta es
la mejor novela española del siglo diecinueve. A la misma altura como mínimo
que Fortunata y Jacinta, y no muy por debajo de la más alta
cumbre de las letras del viejo reino de Castilla: Don Quijote de la Mancha.
La obra maestra de Clarín recibió en su día encendidos elogios y
también severas críticas, aunque disfrutó de escaso éxito. Después pasó su hora y dejó de interesar a casi
nadie. Esta sinfonía narrativa mantiene pese a todo ese aroma singular que
emana de los grandes clásicos. En él se fragua en realidad la enorme
preocupación espiritual del escritor zamorano, cuestión esencial, y fundamento,
de esta obra prodigiosa, triste y auténtica, a pesar de haber sido utilizada
desde entonces como metralla contra la Iglesia.
