La literatura sirve
las más de las veces para confundir. Para llenar la cabeza de pájaros, para
engañarse a uno mismo, para mentir al vecino, para perder el tiempo, para
extraviar un destino, para desanimar o mover a la ira, para corromper y ser
corrompidos. Pero también sirve para capturar instantes preciosos, como toda forma de mística. Pues la literatura es un arte con el que el hombre espera trascender, aunque no repare en los peligros, atraído irrefrenablemente por el poder de los libros.
