Las inquietudes espirituales de Benito Pérez Galdós se manifiestan muy especialmente en su último período creativo. Prototipo de estas preocupaciones de índole cristiana son obras magistrales como Ángel Guerra (1891), Nazarín (1895) y Misericordia (1897). En concreto Nazarín es el epítome del misticismo galdosiano, pues su protagonista, un sacerdote manchego de origen árabe, vive con radical celo el espíritu evangélico, y es al mismo tiempo figura y modelo del propio Jesucristo. Además, la obra evoca en muchos pasajes los ambientes, personajes y escenas quijotescas, y es sin duda alguna una de las narraciones galdosianas más espléndidas.
Presentada en episodios muy breves, la vida de Nazario Naharín es un formidable cuadro en el que el protagonista, que vive desgajado del mundo y tiene fama de santo, se ve impulsado, como Don Quijote y Jesucristo, a recorrer los caminos en pro del bien y la caridad, en defensa de los débiles y como modelo vivo del valor profundo que poseen los sacrificios que se hacen por el prójimo.
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jueves, 4 de junio de 2020
Nazarín de Benito Pérez Galdós
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miércoles, 6 de mayo de 2020
Misericordia de Benito Pérez Galdós
En 1897, año en que Benito Pérez Galdós leyó en la Real Academia su discurso de ingreso, se publicó una de sus novelas más apreciadas: Misericordia.
Con ella el académico se había propuesto «descender a las capas ínfimas de la sociedad matritense, describiendo y presentando los tipos más humildes, la suma pobreza, la mendicidad profesional, la vagancia viciosa, la miseria, dolorosa casi siempre, en algunos casos picaresca o criminal y merecedora de corrección».
El tema de por sí ya resulta poco interesante. Pero Galdós tuvo siempre especial fijación por los más pobres, muy socorridos en sus obras para expresar sus inquietudes humanistas.
Con ella el académico se había propuesto «descender a las capas ínfimas de la sociedad matritense, describiendo y presentando los tipos más humildes, la suma pobreza, la mendicidad profesional, la vagancia viciosa, la miseria, dolorosa casi siempre, en algunos casos picaresca o criminal y merecedora de corrección».
El tema de por sí ya resulta poco interesante. Pero Galdós tuvo siempre especial fijación por los más pobres, muy socorridos en sus obras para expresar sus inquietudes humanistas.
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