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jueves, 21 de octubre de 2021
Chesterton y el fin de una época
«Mucho quehacer produce sueño y muchas palabras, dichos necios». Esta sabia sentencia del Eclesiastés hace referencia al riesgo que corremos los profesores, los escritores y cuantos nos dedicamos a hablar en público, o a divulgar lo escrito en diversos medios. Pero unos dicen, o decimos, más estupideces que otros. Esto es indiscutible. Sin embargo, son precisamente los que no han dicho o escrito necedades, semejantes a profetas de tiempos remotos, los que menos atención reciben en este mundo díscolo y en trance de muerte. Y me viene a la mente Chesterton, pensador clarividente e inagotable articulista para quien su siglo señalaba el fin de una época, una época caracterizada no por la pérdida de la fe, sino de la razón.
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domingo, 27 de diciembre de 2020
Las aventuras de Sherlock Holmes: El carbunclo azul de Arthur Conan Doyle
«Dos días después de la Navidad, pasé a visitar a mi amigo Sherlock Holmes con la intención de transmitirle las felicitaciones propias de la época». De esta guisa comienza El carbunco azul, relato de espíritu navideño de Arthur Conan Doyle, en el cual su protagonista, el insólito detective llamado Sherlock Holmes, desvela un rostro clemente y especialmente humano, alejado de la frialdad y altivez que son habituales en él.
De entrada, a Watson le sorprende que su amigo no ande detrás de alguna historia terrible que le guíe «a la solución de algún misterio y al castigo de algún delito». Por el contrario, el objeto de su atención es un incidente caprichoso, un caso «absolutamente trivial» que pone en relación un sombrerucho desastrado y un ganso de Navidad.
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sábado, 11 de abril de 2020
¿En qué consiste la salvación en el cristianismo?
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Por otro lado, en el título de esta publicación me hacía la siguiente pregunta: ¿En qué consiste la salvación en el cristianismo?
La salvación del hombre obrada por Cristo representa un misterio inagotable. Pero el concepto cristiano de salvación está definido con claridad y es fácilmente comprensible.
En realidad, el sacrificio de Cristo en la cruz hace posible que el hombre se libere de la esclavitud a la que le somete el pecado y de sus consecuencias, que conducen a la condenación eterna.
Por eso observa el Código de Derecho Canónico que la ley suprema de la Iglesia es la salvación de las almas (c. 1752).
Para ilustrar esto, al menos en cuanto a sus implicaciones terrenales, he aquí un cuento precioso de mi querido Carlos Prats, titulado precisamente El esclavo:
EL ESCLAVO
Hace tiempo me contaron la historia de Peter, un niño de doce años que vivía en Cody (Wyoming). Durante el verano solía ir con su hermana Sandra, que era dos años menor que él, a visitar a sus abuelos en la granja que tenían a las afueras de Canyon Village, muy cerca del famoso parque de Yellowstone.
Ese verano, como Peter había sido responsable y buen estudiante, su abuelo le ayudó a fabricar un arco. Cuando lo tuvo en sus manos, descubrió una fuente inagotable de distracción y entretenimiento.
Por las mañanitas se solía ir a un pequeño bosque que había detrás de la casa para practicar la puntería. Nunca había disparado con un arco, por lo que su puntería era muy mala; aunque tenía la esperanza de que con el tiempo se transformaría en el Robin Hood de Wyoming.
Una mañana que había estado practicando hasta alrededor del mediodía y volvía a la granja para comer, vio a la puerta de la casa a Ducky, un pato blanco que era la mascota de la abuela. De pronto se imaginó vestido de cazador, y antes de que se diera cuenta estaba tensando el arco para efectuar un certero disparo. Apuntó y disparó; con tan mala suerte que le dio al pato en la cabeza y lo mató.
Temiéndose una gran reprimenda de los abuelos, escondió el cadáver del pato en el bosque. Cuando lo estaba enterrando, Sandra, lo vio. Sorprendido, y con miedo de que dijera algo a los abuelos le hizo prometer que guardaría silencio.
Peter estuvo toda la comida inquieto y preocupado pensando en la respuesta que le podía dar a la abuela si le preguntaba por el pato. Acabada la comida, la abuela le dijo a Sandra:
- ¡Ayúdame a lavar los platos!
Pero Sandra, mirando a Peter con ojos inquisidores, le dijo a su abuela:
- Peter me ha dicho que él quería ayudarte hoy en la cocina. ¿No es cierto, Peter?
Peter se sintió atrapado por el comentario de su hermana; y ante el miedo de que lo delatara, no le quedó más remedio que ayudar a la abuela.
Días después, el abuelo preguntó a los niños si querían ir de pesca al lago. A lo que la abuela salió al paso y dijo:
- Sandra no puede ir porque tiene que ayudarme en el jardín.
Entonces Sandra saltó como un muelle y dijo:
- Yo sí puedo ir con el abuelo, pues Peter me ha dicho que le gustaría ayudar a la abuela en el jardín. ¿Verdad, Peter?
El pobre Peter, después de la tragedia del pato, era continuamente chantajeado por su hermana. Los días de vacaciones seguían pasando y Sandra no perdía la oportunidad para aprovecharse de la situación en su favor.
Con el paso de las semanas, Peter se sentía cada vez peor. La presión de su hermana y su propio remordimiento le mantenían triste y abatido. Llegó un momento en el que decidió contarle a su abuela todo lo que había ocurrido.
Una mañanita, antes de que Sandra maquinara una nueva acción con la que chantajear a su hermano, Peter decidió abrir su corazón y contarle todo a la abuela.
- Abueli, - dándole un sonoro beso en la mejilla -, ¿te acuerdas de tu pato blanco? Resulta que un día venía de hacer prácticas con el arco que me hizo el abuelo, cuando le disparé con tan mala suerte que le di en la cabeza y se murió.
En esto que la abuela, profundamente conmovida se dirigió hacia su nieto y lo abrazó cariñosamente mientras que le decía:
- Peter, ya lo sabía. Estaba en la ventana de la cocina cuando todo ocurrió, pero como me di cuenta que lo habías hecho sin intención, te perdoné en ese mismo instante. Lo que sí me preguntaba era hasta cuándo ibas a permitir que tu hermana Sandra te tuviera como su esclavo.
………………..
¡En cuántas ocasiones nos hacemos también esclavos de Satanás como consecuencia de nuestros pecados! Él entonces, se aprovecha de esa circunstancia para sobornarnos, chantajearnos, quitarnos la felicidad y la paz interior. Dios lo ha visto todo desde su cocina; lo único que espera es que tengamos la humildad de acercarnos a Él arrepentidos y confesar nuestro pecado. Como en el caso de Peter, la abuela, que lo había visto todo, ya le había perdonado; sólo faltaba una cosa, reconocerlo.
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viernes, 28 de diciembre de 2018
La incredulidad del padre Brown de Gilbert K. Chesterton
Pocos pensamientos han dado lugar a reflexiones tan fulgurantes y fecundas como el de Gilber Keith Chesterton. Chesterton nació en Londres en 1874, y fue ensayista, novelista y poeta. Estudió Arte y Literatura, comenzando su carrera literaria hacia el cambio de siglo en periódicos y revistas, colaborando primero como crítico de arte y, posteriormente, como autor de artículos y libros políticos, filosóficos y religiosos, la mayoría de ellos sumamente polémicos, escritos con un estilo nada convencional, llenos de imaginación y buen humor. En cuanto a los asuntos religiosos y filosóficos se rebeló contra el materialismo reinante, postulando una vuelta a los antiguos valores religiosos y morales. De hecho, se sintió fuertemente atraído por el catolicismo, al que se convirtió en 1922 y al que defendió y honró con su pluma hasta su muerte en 1936. Su principal personaje de ficción, el padre Brown, encarnó la defensa de esos ideales, con la agudeza y valentía propias de su creador, erigiéndose contra toda forma de nihilismo y saliendo en auxilio del orden sobrenatural y divino.
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