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miércoles, 1 de abril de 2020

Don Quijote y su Discurso de la Edad Dorada

Siguiendo los pasos de Hesíodo y San Pablo, Cervantes desarrolla en su inmortal obra maestra un discurso acerca de la Edad Dorada, comparando a los hombres de entonces con los de su época. Los tres coinciden en que la humanidad se va degradando progresivamente, en contra de la opinión actual que considera que el hombre progresa hacia las mejores y más acabadas evoluciones de la especie.

Los escritores antiguos de Grecia y Roma dividían la historia en cuatro edades: la de oro, la de plata, la de bronce y la de hierro. En cada uno de esos períodos la vida era peor que en el anterior: así, mientras que en la edad dorada reinaba la felicidad, en la de hierro dominaba la crueldad, la violencia y el egoísmo. 

Lo maravilloso del capítulo XI del Quijote, en el que se recoge el discurso citado, ya no es el discurso en sí, sino el cuadro en el que lo recita Don Quijote; pues después de comerse unos tasajos de carne "del tamaño de un puño" junto a su escudero Sancho Panza y unos cabreros con los que se habían topado, toma un puñado de bellotas en la mano y, mirándolas atentamente, pronuncia el lunático estas sabias palabras:

jueves, 20 de marzo de 2014

Trabajos y Días de Hesíodo

Está claro que Homero es el poeta épico más grande de la antigüedad, incluso de cualquier época histórica, pero no es menos verdad que su posición de privilegio la comparte con otro griego de encumbrado nombre: Hesíodo. Los poemas de éste, como la Ilíada y la Odisea homéricas, fuente de inspiración para el mundo griego y latino e incluso para el cristiano, son fundamentales para entender el pensamiento de Occidente. Con los poemas de Hesíodo, además, se abre una etapa nueva para el hombre, porque éste cobra conciencia de pertenecer a un mundo con leyes sancionadas por la divinidad y organizado, por eso mismo, religiosamente. El titán de Beocia ordena, de esta manera, los mitos añejos para dar razones profundas de verdades que perduran en el tiempo.