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domingo, 3 de diciembre de 2023

Los cuatro jinetes del Apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez | Reseña y comentario crítico

La guerra es una realidad tan universal como la muerte. Por desgracia, a lo largo de la historia de la humanidad los conflictos armados han sido una constante, arraigada en el tiempo y el espacio, devoradora de hombres y mujeres, niños y ancianos. Hace ya demasiados siglos que Homero, en su inmortal poema bélico, reflejó su naturaleza desgarradora y traumatizante. Pero fue a raíz de la revolución industrial y el surgimiento de nuevas ideologías irreconciliables cuando la guerra adquirió una capacidad de destrucción sorprendente y una violencia insólita. Las dos guerras mundiales dejaron un balance de millones de muertos y cientos de ciudades devastadas, truncando por completo las ilusiones y esperanzas de cuantos de un modo u otro las padecieron. Desde luego, las luchas armadas entre pueblos y naciones siempre son un drama, aunque a veces, para defenderse, también son una necesidad tan vital como el agua. No es el caso de la Gran Guerra, que fue básicamente una guerra civil entre europeos, enfrentados por intereses de diversa índole, fundamentalmente relacionados con rivalidades económicas y militares, sin entrar a considerar las causas ocultas (¿quién puso la pistola en la mano de Gavrilo Princip?). Pues bien, sobre el punto de inflexión que supuso la Primer Guerra Mundial escribió una famosa novela el escritor español Vicente Blasco Ibáñez. Su título, Los cuatro jinetes del Apocalipsis, evoca las calamidades del fin del mundo, prefiguradas en los males de la Gran Guerra, un conflicto sin parangón que dejó al mundo tiritando y con mil rencillas pendientes de resolverse.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Stefan Zweig y La impaciencia del corazón

La impaciencia del corazón es una novela magnífica, ambientada en los años inmediatamente anteriores a la Gran Guerra (1914-1918); y tal vez, de hecho, la mejor de uno de los narradores más extraordinarios de la literatura europea contemporánea (primera mitad del siglo XX). Stefan Zweig es considerado un maestro a la hora de describir la complicada naturaleza humana, tan dependiente de los apetitos y deseos. Con todo, la mayor virtud que posee es su estilo florido, fino y elegante.

El personaje central del relato es Anton Hofmiller. Un joven y apuesto teniente de caballería del ejército austríaco que conforma el cuadro vital de esta sobrecogedora historia junto al magnate húngaro Lajos von Kekesfalva, su hija paralítica Edith, y el abnegado doctor Condor. Con estos cuatro individuos se basta el escritor vienés para elaborar un relato interiorista acompasado por un ritmo que apenas descansa. Y es que Zweig descarga con su pluma una tormenta de sentimientos y emociones, palabras que se convierten en un torrente expresivo, adornado por un brillante vocabulario.

Sin necesidad de descripciones paisajistas o detalles innecesarios, la acción pasa como decía por el caudal de sentimientos que fluye por el corazón y la psique del protagonista, del que se enamora la entrañable Edith, pero por la que éste que sólo siente cierta lástima. A pesar de todo, Hofmiller es un hombre común, que vive enfurecido y atormentado por los remordimientos, envuelto en contradicciones difícilmente conciliables, infectado por la compasión y la pena. Esa falta de sinceridad conduce finalmente a un desenlace fatal y sin embargo imprevisible. Son en realidad los anhelos, pasiones y miedos de los cuatro personajes protagonistas los que al cruzarse desencadenan la tragedia.

Sea como fuere, al concluirse este relato, se tiene la convicción de que ésta es una historia madura y bien cerrada, pues es sólo al final cuando se encuentra explicación a ciertas acciones pasadas de los personajes, que vibran por amor, compasión, celos, perdón, olvido y culpa. Y sólo al término del mismo, como decía, cala en el lector la idea de que el ser humano tiene innumerables debilidades, sin duda, pero también una evidente ambición de trascendencia.

Dicho esto, La impaciencia del corazón es una novela conmovedora, humana y fascinante, que sin duda recomiendo.