Con 29 años, los mismos que yo tengo ahora, Francisco
Pradilla pintaba su obra maestra.
El motivo de su cuadro era tan excepcional como el personaje
protagonista, una mujer que pasó a la historia con el sobrenombre de “la loca”
y que al parecer fascinó durante muchos años al autor de esta pintura, artista
genial y director, nada menos, del ilustre Museo del Prado.












