lunes, 5 de diciembre de 2016

Gracias señora Merkel

Hallo, señora Merkel. Me dirijo a usted únicamente para darle las gracias. No sabe cuánto le agradezco el esfuerzo que está haciendo para acoger a tantos pobres exiliados en Alemania. También me gustaría felicitarla porque no ha dado su brazo a torcer y se mantiene firme frente a los que promueven en nuestro país el racismo y la xenofobia. No sé cómo existen personas así, le soy sincera: personas tan insolidarias y encerradas en sí mismas. ¿Sabía que yo trabajé como voluntaria en un albergue para refugiados? La verdad es que desde el primer día me volqué al máximo con estas gentes huidas de sus países de origen, defendiendo su causa como si fuera nuestra; algo, por cierto, que todo buen alemán ha hecho desde el minuto uno. Pero perdone que todavía no me haya presentado. He sido muy grosera con usted, señora Canciller. Me llamo María Lagenburger. O más bien me llamaba. El 16 de octubre de 2016, a punto de cumplir 20 años, un afgano que solicitaba asilo en Alemania me violó brutalmente y me asesinó en el río Dreisam (Friburgo). Supongo que mi asesino tuvo una necesidad repentina. Gracias a Dios yo pasaba por allí y pude satisfacerla. Sé que cumplí con mi deber.

jueves, 1 de diciembre de 2016

El tiempo todo lo devora

Veo a Saturno devorando a su hijo con saña intemporal. Goya lo pinta loco, maldito, surgiendo de un fondo oscuro para acabar con todo rastro de materia y humanidad. Es un engendro, como un espectro furioso que no ha encontrado descanso en el más allá. Rubens, en cambio, lo presenta añoso y solícito, pero no senil, pues devora con satisfacción y en nada se advierte su decadencia física; muy al contrario, se le ve en plena forma, y con un apetito desmesurado, inmortal. Ambos son caníbales. Y sin embargo no representan el odio, sino el tiempo que todo lo devora. Saturno (o Cronos, según se quiera) es la encarnación de esa dimensión física que representa la sucesión de estados por los que pasa la materia hasta su destrucción final.

martes, 29 de noviembre de 2016

Ecos de la escritura en el alma

La grafología pretende ser un saber capaz de describir la personalidad de una persona a partir de su caligrafía o escritura, como si la morfología de las letras y su propia ilación formando palabras constituyeran un espejo que revelara el alma del amanuense o calígrafo. Muchos, sin embargo, desconfían de esta especialidad suigéneris, considerándola, en efecto, una seudociencia. Pero yo no entraré aquí a valorar este apasionante asunto. No. Mi intención es otra. En realidad mis cavilaciones giran en torno a cómo repercute en el alma el ejercicio mismo de la escritura (la escritura manual, se entiende). Y al mismo tiempo, cómo responde el alma a través de la pluma (es decir, mediante la habilidad o destreza caligráfica).

martes, 15 de noviembre de 2016

La sociedad psicopática

Me encontraba estudiando, aprovechando las últimas horas del domingo, cuando de pronto me llega un aviso: «Iker Jiménez está hablando en Cuarto Milenio de los psicópatas». Aunque ya sé qué me puede mostrar el bueno de Iker sobre este asunto, y con qué especialistas contará para informar a la audiencia, hago un alto en el estudio y lo veo. De inmediato me doy cuenta de que es necesario decir algo sobre lo que estoy viendo; en concreto de un par de cosas con las que no estoy de acuerdo. En primer lugar, no me parece serio que cada una de las voces invitadas hable no más de tres minutos sobre el fenómeno de la psicopatía. Esa no es la forma de exponer ningún tema, y menos ése. Ahí se demuestra qué grado de profundidad pueden alcanzar programas como Cuarto Milenio. En segundo lugar, no comparto la presentación que se hace de estos sujetos mediante la división sociológica de psicópatas y no psicópatas. Y digo a nivel sociológico porque la misma idea de sociedad psicopática, que Iker menciona y recoge de Vicente Garrido, implica que todos estamos de una u otra manera comprometidos. Dicho con otras palabras. Todos somos responsables en mayor o menor medida de la actual sociedad psicopática. Para entender esto sólo hay que atender a los conceptos de complicidad, participación o colaboración. A nivel sociológico, por tanto, da lo mismo si somos psicópatas o no. Lo relevante es qué rasgos compartimos unos y otros.

viernes, 11 de noviembre de 2016

El gran silencio de Philip Gröning

Es justo la medianoche, de un día cualquiera de octubre. Por fin apago la luz, después de una provechosa, gratificante y dilatada sesión de estudio. Envuelto ya entre las sábanas, respiro hondo y me dejo arrullar por la lluvia medrosa que se desmorona gentilmente sobre la terraza. He esperado mucho para ver en estas condiciones perfectas la película, tanto como se ha echado en falta en esta tierra que el cielo la rociara con agua para que ésta bebiera y las plantas se alimentaran. Al margen de ese agradable tamborileo, la calma es total. Me pongo serio cuando introduzco el disco en el Mac. Lo que transcurre ante mis ojos en las siguientes dos horas y media no es sencillo de contar: sólo son un puñado de hombres entregados al más absoluto misterio.

Y sin embargo ganó Trump

Ni el horno está para bollos ni el mundo para literaturas. Por eso a veces hay que hacer de tripas corazón y hablar también de política; de asuntos relevantes, en definitiva, de cuestiones serias que tienen en última instancia una incidencia real en la vida de la gente llana. Ciertamente muchas personas son como los cerdos del Evangelio, que no merecen que nadie les eche perlas, pero otras sí necesitan un poco de claridad para saber a qué atenerse. Estos llevan demasiado tiempo siendo víctimas de la maquinaria propagandística de los medios de comunicación (auténtica industria de guerra psicológica). Sin duda en el Juicio Final los periodistas tendrán una condena más severa que los propios políticos. Unos y otros, monigotes de las élites mundialistas, son homicidas masivos de almas y pérfidas serpientes. Pero parece ser que ya no cuelan como antes sus patéticas mentiras. A pesar del desasosiego que me produce ocuparme de estos menesteres, hoy me alegra comprobar cómo a los embusteros se les atragantan sus queridas urnas. 

jueves, 20 de octubre de 2016

True Detective 2 Ya es de noche para el mundo

Creo que nadie en su sano juicio piensa a estas alturas que los productos culturales son inocentes. Sin duda los productos librescos y cinematográficos, el arte degenerado y el show business, imprimen su sello en el alma de cada usuario. A veces para bien, otras para mal. En consecuencia, las almas que toman estos alimentos, o bien se oscurecen a partir de ellos, o bien se purifican. En concreto True Detective 2, serie de la que apenas se ha hablado (porque toda la tinta ha sido gastada elogiando a su antecesora), es quizá el ejercicio más desesperanzador con el que me he encontrado nunca, y el más mórbido y penoso, al menos entre las creaciones generalistas con cierta preocupación o elegancia formal. Desde luego estaría loco si recomendase esta serie a alguien, pero en lo que a mí respecta, a veces sufrir el flagelo de obras como ésta me precipita naturalmente a los brazos de Dios. Porque es tan denso el mal en algunos espacios de este mundo, y su oscuridad tan profunda, que, como reacción, el alma busca inmediatamente el aire puro y la luz del verdadero Sol. No importa que hoy ese faro sufra un eclipse. O que para el mundo ya sea de noche. 

sábado, 15 de octubre de 2016

Premio Nobel de Literatura 2016, Bob Dylan

Ya se conoce el Premio Nobel de Literatura 2016. Un músico, Bob Dylan, ha sido el sujeto afortunado. Según la Academia sueca, el galardón le ha sido otorgado al roquero yanqui por «haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense». ¡Ea!

miércoles, 12 de octubre de 2016

Las calles son el espejo del alma

Se abre el telón. Se ve una calle llena de inmundicias y orines de perro, árboles podridos en su base y farolas carcomidas por el orín. Se cierra el telón. ¿Cómo se llama la película? Amor a los animales.

viernes, 7 de octubre de 2016

El épico Cervantes de Augusto Ferrer Dalmau

España es un país cainita. Yo he escuchado esta frase muchas veces de diferentes bocas, pero nunca he estado muy seguro de si quienes la compartían conmigo sabían lo que querían decir al decir eso. En realidad la guerra es propia de las sociedades humanas, y no hay historia patria que no esté salpicada de violencias fratricidas. Si bien la historia del hombre es, emulando a San Agustín, la oposición de dos ciudades o modos de vivir antagónicos. Pero no me apetece entrar en esto ahora, aunque hubiera sido una muy buena ocasión para hacerlo, a propósito del épico Cervantes que Augusto Ferrer Dalmau ha pintado con motivo del cuarto centenario de la muerte del genial escritor madrileño.