Entre las últimas obras de León Tolstói, El padre Sergio ocupa un lugar singular por la hondura espiritual con que está concebida. Escrita entre 1890 y 1898 y publicada de manera póstuma en 1911, pocos meses después de la muerte del autor, esta novela breve surge en un momento de madurez moral en el que Tolstói había dejado atrás la estética de Guerra y Paz y Anna Karénina para volcarse en un arte despojado, austero, al servicio de la verdad interior. Si en sus grandes novelas anteriores la belleza y la psicología dominaban la narración, aquí todo queda subordinado a un fin más severo: mostrar la lucha del alma humana contra el orgullo, la vanidad y la ilusión de grandeza.
Stepán Kasatsky se nos presenta primero como un joven noble y oficial brillante, destinado al éxito en la corte. Sin embargo, su prometedora carrera se derrumba al descubrir que Mary, su prometida y a quien tenía por su ángel, ha sido amante del zar. La herida infligida a su orgullo lo conduce a la desesperación y lo impulsa a regresar a la fe de la infancia, intacta en su interior. Esta fe transmitida de generación en generación actúa en su caso como un salvavidas, un hilo invisible que sostiene el alma cuando todo lo mundano se desmorona. Tolstói por tanto sugiere que la transmisión de la fe no es meramente educativa ni abstracta: es una fuerza concreta que puede sostenernos en los momentos de mayor desorientación moral y emocional.










