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lunes, 15 de diciembre de 2014

Seres de aliento prestado (poesía) de Luis Segura

Poesía es una herida que sangra. Una herida que sangra por una brecha de nostalgia. Una respuesta en forma de belleza e indagación que hace el espíritu humano al desafío que le plantea su propia existencia. O en palabras de Carmen Conde, el sentimiento que le sobra al corazón y le sale al poeta por la mano.


Por eso es legítimo escribir poesía en un mundo que se desangra de dolor y de tristeza, un mundo que no encuentra sentido y se lamenta porque se sabe vacío. A pesar de lo que creyera el filósofo alemán Theodor Adorno, según el cual después de Auschwitz escribir poesía resultaría un acto de barbarie. ¿Y no será justo lo contrario? A juicio de Goethe, bárbaro es el hombre sordo a la poesía. Y es que abandonando el hombre toda esperanza en la belleza, y haciendo todo lo posible por taponar la grieta por la que se le derrama esa nostalgia indefinida, la poesía seguiría latiendo en la naturaleza. Para el místico Tagore la poesía era el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos. De ahí que antes que él, Gustavo Adolfo Bécquer advirtiera que podría darse el caso de no haber poetas, pero no de no haber poesía. Incluso en tiempos de hambre, como observó felizmente el gran Cervantes.