Por eso es legítimo escribir poesía en un mundo que se desangra de
dolor y de tristeza, un mundo que no encuentra sentido y se lamenta porque se
sabe vacío. A pesar de lo que creyera el filósofo alemán Theodor Adorno, según
el cual después de Auschwitz escribir poesía resultaría un acto de barbarie. ¿Y
no será justo lo contrario? A juicio de Goethe, bárbaro es el hombre sordo a la
poesía. Y es que abandonando el hombre toda esperanza en la belleza, y haciendo
todo lo posible por taponar la grieta por la que se le derrama esa nostalgia
indefinida, la poesía seguiría latiendo en la naturaleza. Para el místico
Tagore la poesía era el eco de la melodía del universo en el corazón de los
humanos. De ahí que antes que él, Gustavo Adolfo Bécquer advirtiera que podría
darse el caso de no haber poetas, pero no de no haber poesía. Incluso en
tiempos de hambre, como observó felizmente el gran Cervantes.
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lunes, 15 de diciembre de 2014
Seres de aliento prestado (poesía) de Luis Segura
Poesía es una herida que sangra. Una herida que sangra por una
brecha de nostalgia. Una respuesta en forma de belleza e indagación que hace el
espíritu humano al desafío que le plantea su propia existencia. O en palabras
de Carmen Conde, el sentimiento que le sobra al corazón y le sale al poeta por
la mano.
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