En los tiempos del César Augusto, Roma alcanza el cenit de su esplendor y poder. Entonces, por medio de su consejero Mecenas, el emperador encarga a Publio Virgilio Marón la concepción de un texto laudatorio sobre la Ciudad Eterna. El resultado es La Eneída, la gran epopeya nacional de Roma, cuyos orígenes son glorificados y la dinastía reinante, divinizada.
Apenas cincuenta años después, en torno a mediados del siglo I d. C., el género épico entra en un periodo de decadencia. Lo cual no impide que destaque sobremanera el cordobés Lucano. Su Farsalia es una pomposa declamación acerca de la guerra civil entre Julio César y Pompeyo, y al mismo tiempo un canto antibelicista y un alegato contra César, al que tilda de tirano.
